jueves, 25 de febrero de 2010

CRISTIANISMO ROSACRUZ

CRISTIANISMO ROSACRUZ

Interpretación Esotérica del Cristianismo

VEINTE INSTRUCCIONES

Por

MAX HEINDEL

LEMA Y MISION ROSACRUZ


UNA MENTE PURA

UN CORAZÓN NOBLE

UN CUERPO SANO


Título original

THE ROSICRUCIAN CHRISTIANITY LECTURES
(2nd, edition, L.N Fowler & Co, London, 1955)

Publicada con autorización de The Rosicrucian Fellowship (La Fraternidad Rosacruz), Asociación
Internacional de Cristianos Místicos, con sede en Oceanside, California (USA)

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN

Las instrucciones que se presentan reunidas en forma de libro fueron originalmente el
texto de veinte conferencias pronunciadas por Max Heindel durante el mes de noviembre
de 1908, en Colombus, Ohio. Él también hizo copias mimeografiadas de las mismas, las
cuales distribuyó a los que asistieron a sus disertaciones en esa y otras ciudades.
Después de sus conferencias en Seattle, Washington, uno de sus amigos, el señor
William M. Patterson, viajó con Max Heindel a Chicago, Illinois, donde no sólo financió la
publicación sino que también ayudó en la corrección de las pruebas del Concepto
Rosacruz del Cosmos y de estas Veinte Lecciones. Estas últimas fueron en aquella
oportunidad publicadas en forma de folletos, mientras que el Concepto Rosacruz lo fue en
un volumen encuadernado en tela.
Max Heindel había pasado el invierno de 1907/1908 en Europa, donde se puso en
contacto con los Hermanos Mayores de la Orden Rosacruz, los cuales le trasmitieron el
contenido de estas Instrucciones y las extraordinarias verdades incluidas en el Concepto
Rosacruz del Cosmos. En la época en que recibió estas enseñanzas, él no alcanzó a
valorar la magnitud de la tarea que se le había encomendado al ordenársele la difusión
de las mismas a un mundo que tenía el alma enferma. Desde la aparición de la Filosofía
Rosacruz y la apertura de una Sede Internacional en Oceanside, California, en 1911, los
libros y folletos de Max Heindel han sido traducidos e impresos en muchos idiomas. La
gente de todas partes está interesándose y clamando por estas avanzadas enseñanzas
cristianas que están haciendo volver la mirada de la humanidad hacia la Biblia, aportando
a su comprensión las satisfactorias verdades contenidas en la religión cristiana por medio
de la explicación de los misterios ocultos en dicha obra.
Este libro de instrucciones presenta en forma muy simple, las verdades de la propia
existencia del hombre, explicando el por qué y la razón de misterios que han conducido a
millones de almas al materialismo y al repudio de la Biblia.
Una de las instrucciones demuestra el valor espiritual de la Astrología como una de las
claves del alma; en otra, son claramente definidas las alegorías astronómicas de la Biblia.
El valor esotérico del Padrenuestro y el significado de la Estrella de Belén son
claramente interpretados para el lector; también lo son la Crucifixión de Nuestro Señor
Jesucristo y su significación oculta. La vida aquí y después de la muerte, los Ángeles y su
labor con el hombre; Parsifal y los Misterios del Santo Grial; la Ciencia de la Nutrición, de
la Salud y de la Juventud y muchos otros temas son abarcados en una forma original por
un vidente que fue el mensajero elegido de esos grandes seres, los Hermanos Mayores
de la Orden Rosacruz.

Mrs. MAX HEINDEL
Mt. Ecclesia - Octubre, 1939

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

EL ENIGMA DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

INSTRUCCIÓN I


EL ENIGMA DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

En cada nacimiento, lo que parece ser una vida "nueva" viene al mundo. Poco a poco la pequeña forma crece, vive y se mueve entre nosotros y se convierte en un factor de nuestras vidas; pero, por último, llega un momento en el que la forma deja de moverse, muere y se desintegra. La vida que vino, sin que nosotros sepamos de dónde, ha vuelto nuevamente al más allá. Entonces, perplejos y doloridos, nos hacemos las tres grandes preguntas concernientes a nuestra propia existencia: ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿A dónde vamos?
El temible espectro de la Muerte arroja su sombra fatal sobre todos los umbrales. Visita el palacio del rico, lo mismo que la casa del pobre. Ninguno se escapa; viejos o jóvenes, sanos o enfermos, ricos o pobres, todos, todos sin excepción, tienen que pasar, por este portal sombrío; y desde el fondo de las edades surge el lastimoso clamor en busca de una solución para el enigma de la vida y el enigma de la muerte.
Desgraciadamente, ha habido muchas especulaciones vagas de parte de personas que no saben, y existe popularmente una opinión aceptada de que no puede saberse nada definido sobre la parte más importante de nuestra existencia: la vida anterior a su manifestación a través del nacimiento y más allá del portal de la muerte.
Esa idea es errónea. El conocimiento definido, directo, puede ser obtenido por cualquiera que se tome el trabajo de desarrollar el "sexto sentido" que está latente en todos. Cuando se adquiere dicho sentido se abren nuestros ojos espirituales, de manera que entonces podemos percibir los espíritus de los que están a punto de entrar en la vida física por medio del nacimiento, y los de aquéllos que acaban de pasar, al más allá después de la muerte. Los vemos tan clara y definidamente como vemos a los seres físicos mediante nuestra visión ordinaria. Ni siquiera es necesaria esa investigación directa para satisfacer a la mente inquieta, así como no lo es tampoco el visitar la China para conocer las condiciones en que se encuentra. Podemos conocer los países extranjeros por los relatos que hacen los viajeros que los han visitado. Y existen tantos conocimientos de esta clase concernientes a los mundos del más allá como sobre el interior de África, Australia o China.
La solución del problema de la Vida y del Ser indicada en estas páginas está basada en los testimonios concurrentes de muchos que han desarrollado 1ª ya mencionada facultad y que se han calificado así para investigar los dominios suprafísicos de una manera científica. Está en armonía, además, con los hechos científicos, es una verdad eterna en la Naturaleza que gobierna el progreso humano, así como la gravedad sirve para mantener inmutables en sus órbitas a los astros que giran en torno del Sol.
Tres teorías han sido emitidas para resolver el problema de la vida y de la muerte y se cree universalmente que una cuarta concepción es imposible. Siendo así, una de esas tres teorías debe ser la verdadera solución, o, en último caso el problema permanecería insoluble para el hombre.
El enigma de la vida y de la muerte es un problema básico; todos tienen que resolverlo alguna vez y es de la mayor importancia para cada ser humano individual la aceptación de una de esas teorías, pues su elección coloreará su vida entera. Para poder hacer una elección inteligente, es necesario conocerlas todas, analizarlas, compararlas y aquilatarlas, manteniendo la mente abierta y libre de toda idea preconcebida, lista para aceptar o rechazar cada teoría según sus méritos.
Indiquemos primeramente esas tres teorías y veamos cuál de ellas concuerda con los hechos establecidos de la vida y en qué proporción están en armonía con otras leyes conocidas de la Naturaleza, porque razonablemente debemos esperar que, si son ciertas, todo desacuerdo con la Naturaleza sería imposible.
Dichas teorías son:
1. - La Teoría Materialista, que sostiene que la vida es una jornada de la cuna a la
tumba; que la mente es el producto de la materia; que el hombre es la inteligencia más elevada del cosmos y que la inteligencia perece cuando el cuerpo se disuelve al morir. 
2.- La Teoría Teológica, que afirma que a cada nuevo nacimiento un alma recién creada entra en la arena de la vida, acabada de hacer por la mano de Dios; que al final de un corto intervalo de vida en el mundo material pasa a través de las puertas de la muerte al invisible más allá y allí se queda; y que su felicidad o miseria allí queda determinada por toda la eternidad por su creencia anterior a la muerte.
3. - La Teoría del Renacimiento, que enseña que cada alma es una parte integrante de
Dios, la que está desarrollando todas las posibilidades divinas, así como una simiente desarrolla a una planta; que por medio de repetidas existencias en cuerpos terrestres de creciente perfección, va desenvolviendo lentamente dichos poderes latentes, convirtiéndolos en energías dinámicas; que ninguno se pierde, pues todos los Egos realizarán, por último, la suprema perfección y reunión con Dios, llevando consigo la experiencia acumulada que es el fruto de su peregrinaje a través de la materia.
Comparando la teoría materialista con las leyes conocidas de la Naturaleza, encontramos que es contraría a tan bien establecidas leyes, como las que declaran que la materia y la fuerza son indestructibles. De acuerdo con esas leyes, la mente no podría que dar destruida al morir, como dice la teoría materialista, porque cuando nada puede destruirse debe comprenderse también en ella a la mente.
Además, la mente es evidentemente superior a la materia, puesto que modela el rostro de tal manera que éste es un espejo de aquella; también sabemos que las partículas de nuestros cuerpos están cambiando continuamente y que un cambio completo tiene lugar por lo menos cada siete años. Si la teoría materialista fuera cierta, nuestra percepción interior debería sufrir también un cambio idéntico, sin conservar memoria alguna de lo que precedió a ese cambio; así que nadie podría recordar ningún suceso más de siete años.
Sabemos que no es ese el caso. Recordarnos toda nuestra vida; el más diminuto incidente, aunque olvidado en la vida corriente, puede recordarse vivísimamente sumergiendo a la persona en estado de trance. El materialismo no tiene en cuenta para nada esos estados subconscientes o supraconscientes; como no puede explicarlos, trata de ignorarlos, pero ante las investigaciones científicas que han establecido la verdad de los fenómenos psíquicos más allá de toda duda, el querer ignorarlos más bien que negar esos hechos, es un obstáculo fatal para la teoría que dice resolver el mayor problema de la vida: la Vida misma.
La teoría materialista tiene otros muchos defectos que la hacen indigna de ser aceptada; pero ya hemos dicho lo suficiente para que la rechacemos justificadamente y dirijamos nuestra atención hacia las otras dos.
Una de las mayores dificultades de la doctrina teológica, es su completa y confesada
insuficiencia. De acuerdo con su teoría, de que se crea un alma nueva en cada nacimiento, deben haberse creado ya millones de almas desde el principio del mundo (aun cuando ese principio haya tenido lugar sólo 6.000 años atrás). De ellas únicamente, según ciertas sectas se salvarán 144.000 y el resto irá al tormento por siempre jamás. Y a eso se le llama el "Plan de Salvación de Dios" y se lo exhibe como una prueba de Su admirable Amor.
Supongamos que se recibe un mensaje radiotelegráfico de Nueva York, indicando que un gran transatlántico está hundiéndose en el Sandy Hook y que sus 3.000 pasajeros están en peligro de ahogarse. Si se enviara un pequeño y ligero bote automóvil en su ayuda y lograra salvar a dos o tres, ¿consideraríamos eso como un magnífico y glorioso plan de salvación? Ciertamente que no. únicamente cuando se enviaran los medios adecuados para salvar a la gran mayoría por lo menos, podría decirse que era un buen plan de salvación.
Y el "plan de salvación” que ofrecen los teólogos, es peor aún que el enviar ese botecito automóvil para salvar a los pasajeros del transatlántico, porque dos o tres es una proporción de salvados sobre el total de 3.000 mucho mayor que 144.000 salvados de todos los millones de almas creadas según los teólogos. Si Dios hubiera realmente formulado ese plan, es muy lógico que no sería omnisciente, y si permite que el diablo recoja la mejor parte, según se deduce de esa doctrina, y deja que la gran mayoría de la humanidad sea atormentada por siempre, no puede ser bueno. Si no puede ayudarse a sí mismo no es todopoderoso. En ningún caso podría ser Dios. Tales suposiciones son, sin embargo, completamente absurdas como cosas reales, porque ese no puede ser el plan de Dios y es una gran blasfemia atribuírselo.
Si dirijamos nuestra atención a la doctrina del Renacimiento (encarnación en cuerpos
humanos), que postula un lento proceso de desarrollo efectuado mediante la persistencia más decidida por medio de repetidos renacimientos en formas humanas de creciente eficiencia, por medio de lo cual todos los seres alcanzarían a su debido tiempo alturas de inconcebible espiritualidad para nuestro entendimiento actual limitado, podremos percibir su armonía con los métodos de la Naturaleza. Por todas partes se encuentra en la Naturaleza esa lucha lenta y persistente por la perfección; y en ninguna parte encontramos ningún proceso súbito, bien sea de creación o de destrucción, análogo al plan que los teólogos y los materialistas pregonan.
La ciencia reconoce que el proceso evolutivo como método de la Naturaleza es igual
tratándose del astro como de la estrella de mar; del microbio como del hombre. Es el
curso del espíritu en el tiempo y conforme miramos en torno nuestro notamos la evolución en nuestro universo tridimensional; no podemos escapar al hecho evidente de que su sendero es también de tres dimensiones: una espiral; cada espiral es un cielo y los cielos se suceden a los cielos en progresión ininterrumpida, así como las espiras de una espiral se suceden unas a otras, siendo cada cielo el producto mejorado del precedente, y a la vez la base del futuro progreso de los ciclos subsiguientes.
Una línea recta no es más que la extensión de un punto análoga a las teorías de los materialistas y de los teólogos. La línea de existencia materialista va del nacimiento a la muerte; el teólogo comienza su línea en un punto inmediatamente anterior al nacimiento y la prolonga hasta el invisible más allá de la muerte.
No hay retorno posible. La existencia vivida así extraería sólo un mínimum de experiencia en la escuela de la vida, semejante a la que podría tener un ser unidimensional incapaz de expandirse o de ascender a las cumbres sublimes de la realización.
Un sendero de dos dimensiones, en zigzag, para la vida evolucionante, no sería mejor; un círculo sería dar vueltas sin fin sobre las mismas experiencias. Todo tiene un propósito en la Naturaleza, incluso la tercera dimensión, de manera tal que podamos vivir todas las oportunidades de un universo tridimensional y para ello, el sendero de la evolución tiene que ser espiral. Así es efectivamente. por todas partes, sea en el cielo o en la tierra, todas las cosas marchan hacia adelante y hacia arriba siempre.
La modesta plantita del jardín y el gigantesco árbol de California con sus cuarenta pies de diámetro en el tronco, muestran ambos análoga espiral en sus ramas, tallitos y hojas.
Si estudiamos el abovedado arco del cielo y examinamos la nebulosa espiral que es un sistema de mundos nacientes o el sendero seguido por los sistemas solares, la espiral es, evidentemente, el camino del progreso.
Encontraremos otra ilustración del progreso espiral, en el curso anual de nuestro planeta.
En la primavera, la Tierra emerge de su período de reposo, de su sueño invernal vemos la vida por doquier. La Naturaleza pone en movimiento todas sus actividades para crear.
El tiempo pasa; el maíz y las uvas maduran y se cosechara y de nuevo el silencio y la
inactividad del invierno toman el lugar de la actividad estival; nuevamente el albo manto de la nieve, se posa sobre la Tierra. Pero no duerme para siempre, volverá a entonar de nuevo su canción en la siguiente primavera y entonces progresará un poco más en el sendero del tiempo.
¿Es posible que una ley tan universal en todo los dominios de Naturaleza no tenga efecto en el caso del hombre?
¿Volverá la Tierra a despertarse año tras año de su sueño invernal volverán el árbol y las flores a revivir nuevamente y el hombre va a morir? No, eso es imposible en un universo regido por una ley inmutable. La misma ley que despierta a la vida de nuevo en una planta, debe despertar al ser humano para hacerle dar un paso más hacia la perfección.
Por lo tanto, la doctrina del renacimiento o encarnaciones repetidas en cuerpos humanos o vehículos de creciente perfección, está en un todo de acuerdo con la evolución y con los fenómenos de la Naturaleza, cuando afirma que el nacimiento y la muerte se siguen uno a otro sucesivamente. Está en plena armonía con la Ley de Ciclicidad Alternativa que decreta la actividad y el reposo, el flujo y el reflujo, el verano y el invierno, debiendo seguirse unos a otros en ininterrumpida sucesión.
Está también de perfecto acuerdo con la fase espiral de la Ley Evolutiva, cuando afirma que cada vez que el espíritu vuelve a nacer, toma un cuerpo más perfecto y conforme el hombre progresa en realización mental, moral y espiritual debido a las experiencias acumuladas del pasado, alcanza un medio ambiente mejorado.
Cuando tratamos de resolver el enigma de la vida y de la muerte; cuando tratamos de
encontrar una respuesta que satisfaga al mismo tiempo a la cabeza y el corazón sobre la diferente condición o dotes de los seres humanos, que de una razón sobre la existencia de la tristeza y del dolor; cuando preguntamos por qué uno está sumergido en el mayor lujo, mientras que otro recibe más puntapiés que mendrugos; por qué uno obtiene una educación moral mientras que a otro se le enseña a robar y a mentir; por qué uno tiene el rostro de una Venus en tanto que el otro tiene la cabeza de una Medusa; por qué uno goza de perfecta salud, mientras que otro nunca conoce un momento de reposo en su dolor; por qué uno tiene la inteligencia de un Sócrates y otro sólo puede contar "uno, dos, muchos" como los aborígenes australianos, no recibimos satisfacción alguna ni de los materialistas ni de los teólogos. El materialista expone su ley de herencia como razón de la enfermedad "y respecto a las condiciones económicas un Spencer nos dice que en el mundo animal la ley de la existencia es "comer o ser comido" y en la sociedad civilizada es "engañar o ser engañado".
La herencia explica parcialmente la constitución física. Lo semejante produce semejantes, por lo menos en lo que concierne a la Forma, pero no en lo que concierne a la moralidad o a las facultades mentales, que difieren en cada ser humano. La herencia es un hecho en los reinos inferiores, donde todos los animales de la misma especie tienen la misma mirada, comen la misma clase de alimentos y obran análogamente bajo las mismas circunstancias, porque no tienen voluntad individual, sino que están dominados por un Espíritu-Grupo común. En el reino humano es distinto. Cada hombre obra diferentemente que los demás. Cada uno requiere una dieta distinta. Conforme pasan los años de la infancia y de la adolescencia, el Ego va modelando su instrumento, reflejándose así en todos sus rasgos. Y de esta suerte no hay dos exactamente iguales. Hasta los gemelos que no podían distinguirse en su infancia, al crecer se van diferenciando conforme los rasgos de cada uno expresan los pensamientos del Ego interno.
En el mundo moral prevalece una condición análoga. Los anales policiales demuestran que aunque los hijos de los criminales consuetudinarios poseen generalmente tendencias para el crimen, se mantienen invariablemente alejados de él, y en las "galerías de criminales" de Europa y América es imposible encontrar a la vez al padre y al hijo. De manera que los criminales son hijos de personas honradas y la herencia no puede explicar entonces las tendencias morales. Cuando consideramos las facultades intelectuales y artísticas superiores, encontramos que, muy a menudo, los hijos de un genio son mediocres y a veces idiotas. El cerebro de Cuvier fue el más grande que haya sido pesado y analizado por la ciencia. Sus cinco hijos murieron de paresia. El hermano de Alejandro el Grande era un idiota, y casos como éstos podrían citarse muchísimos para demostrar que la herencia explica únicamente en parte la similaridad de la Forma y absolutamente nada sobre las condiciones morales y mentales. La Ley de Atracción que hace que los músicos se congreguen en los salones de conciertos y que reune a los literatos, debido a su semejanza de gustos, y la Ley de Consecuencia que pone a los que han desarrollado tendencias criminales en sociedad con criminales, para que puedan aprender a hacer el bien sufriendo las molestias incidentales al mal obrar, explican más lógicamente que la herencia, los hechos de la asociación y del carácter.
El teólogo explica que todas las condiciones son obra de Dios, quien en Su inescrutable sabiduría, ha visto que son convenientes para hacer que algunos sean ricos y la mayoría pobres; unos listos y otros tardos, etc.; que proporcionan penas y pruebas a todos muchas a la mayoría y pocas a los pocos favorecidos, y dicen que tenemos que contentarnos con nuestra parte sin murmurar. Pero es muy duro y difícil mirar al cielo con amor cuando uno sabe que de allí, de acuerdo con el capricho divino, vino toda nuestra miseria, sea poca o mucha, y la mente humana bondadosa se subleva ante el pensamiento de un padre que da amor, confort y lujo a unos pocos y envía tristezas, sufrimientos y miseria a millones. Segura mente, ha de haber otra solución al problema de la vida que no sea ésta. ¿No sería más razonable creer que los teólogos han interpretado mal la Biblia, que atribuir tan monstruosa conducta a Dios? la Ley del Renacimiento ofrece una solución razonable a todas las desigualdades cuando se la une a su inseparable Ley de Consecuencia, mostrando ambas, además, el camino de la emancipación.
La Ley de Consecuencia es la ley natural de justicia, la que decreta que aquello que el hombre siembre será lo que recoja. Lo que somos, lo que tenemos, todas nuestras
buenas cualidades, son el resultado de nuestra labor del pasado; y de ahí nuestros talentos. Lo que nos falta, física, moral o mentalmente, es debido a no haber aprovechado ciertas oportunidades del pasado o a no haberse presentado éstas pero, alguna vez, en alguna parte, se nos presentarán otras y recuperaremos lo perdido. En cuanto a nuestras obligaciones y deudas con los demás la Ley de Consecuencia también se ocupa de ello. Lo que no pudo liquidarse en una vida, pasará a las futuras. La muerte no cancela nuestras obligaciones, así como no por irnos a otra ciudad pagamos las deudas que tensamos aquí. La Ley del Renacimiento suministra un nuevo medio ambiente, pero en él están nuestros antiguos enemigos. Y los conocemos a veces, porque cuando nos encontramos a alguna persona por vez primera, sentimos como si la hubiéramos conocido toda la vida. Esto es debido a que el Ego rompe el velo de la carne y reconoce a un antiguo amigo. Cuando, por el contrario, nos encontramos a una persona que nos inspira temor o repugnancia, es un mensaje de nuestro Ego, que nos advierte contra un enemigo de antaño.
La enseñanza oculta respecto de la vida, que basa su solución sobre las inseparables Leyes de Consecuencia y del Renacimiento, es simplemente que el mundo en torno nuestro no es más que una escuela de experiencia; que así como enviamos al niño al colegio día tras día, y año tras año, para que vaya aprendiendo más y más conforme va adelantando por los diferentes grados de la escuela hasta la universidad; así también, el Ego del hombre, como hijo del Padre, va a la escuela de la vida un día y otro. Pero en esa vida más grande del Ego, cada día de colegio es una vida terrestre y la noche que transcurre entre dos días de escuela del niño corresponde al sueño después de la muerte en la vida más grande del Ego humano, el espíritu del hombre.
En un colegio hay muchos grados. Los niños mayores que han asistido mucho tiempo al mismo tienen que aprender lecciones diferentes de las que aprenden los niñitos que asisten al jardín de infantes. Así también, en la escuela de la vida, los que ocupan elevadas posiciones, estando dotados de grandes facultades, son nuestros Hermanos Mayores, y los salvajes recién ingresan en las clases inferiores. Lo que ellos son, lo hemos sido y todos llegarán a un tiempo a un punto tal en el que serán más sabios que el más sabio que ahora conozcamos. Ni debe sorprender al filósofo que el poderoso aplaste al débil; los niños mayores son crueles con sus hermanitos menores en cierto grado de su crecimiento, porque no han tenido tiempo aún de desarrollar el verdadero sentimiento de justicia, pero conforme crezcan aprenderán a proteger al débil. Y así sucede también con los niños de la vida más grande. El altruismo está floreciendo más y más en todas partes, y día vendrá en que todos los hombres serán buenos y benévolos como los gran des santos.
No hay más que un pecado: la Ignorancia; y una sola salvación: el Conocimiento
aplicado. Todo sufrimiento, tristeza o dolor, nace de la ignorancia en el obrar, y la escuela de la vida es necesaria para desenvolver nuestras capacidades latentes, así como la escuela es necesaria para despertar en el niño sus facultades.
Cuando nos convenzamos de que eso es así, la vida tomará enseguida un aspecto muy diferente. No importa entonces en qué condiciones nos encontremos, porque el hecho de saber que NOSOTROS las hemos hecho así, nos ayudará a soportarlas pacientemente; y, lo mejor de todo, el glorioso sentimiento de que somos los dueños de nuestro destino y de que podemos hacer nuestro futuro como queramos, es en sí mismo un gran poder que tenemos a nuestra disposición para desarrollar lo que nos haga falta. Por supuesto, tenemos aún que luchar contra el pasado y es probable que éste pueda acarreamos muchos infortunios debido a nuestras malas obras de antaño, pero si cesarnos de hacer el mal podremos considerar con alegría cualquier aflicción, pues ella significa la liquidación de una deuda antigua, lo que nos aproxima al día en el que tendremos un recuerdo claro de ella. La objeción de que el más recto es el que más sufre, no vale nada.
Las grandes inteligencias que envían sobre cada hombre la suma de deudas atrasadas que debe liquidar en cada vida, ayudan siempre al hombre que paga las deudas de su pasado sin añadir otras nuevas, dándole todo cuanto puede soportar para apresurar el día de su emancipación: y en este sentido es estrictamente cierto aquello de que “a quien ama el Señor lo castiga".
La doctrina del renacimiento se confunde a veces con la teoría de la transmigración, que dice que un alma humana puede encarnarse en un animal. Eso no tiene base alguna en la Naturaleza. Cada especie animal es la emanación de un Espíritu-Grupo, que la dirige desde afuera por sugestión. Dicho Espíritu actúa en el Mundo del Deseo, y como la distancia casi no existe allí, puede influenciar a sus miembros sin importar nada el sitio donde se encuentren éstos. El Espíritu humano, el Ego, por el contrario, penetra dentro de un cuerpo denso; hay un Espíritu individual en cada persona, morando internamente en su instrumento y guiándolo desde el interior. Esos dos estados evolutivos son completamente diferentes, y es tan imposible que el hombre entre en un cuerpo animal, como que el Espíritu-Grupo tome forma humana.
La pregunta: ¿por qué no recordamos nuestro pasado? Es otra dificultad aparente. Pero si comprendemos que en cada nacimiento obtenemos un cerebro enteramente nuevo y que el Espíritu humano no tiene aun mayor dominio sobre su vehículo y se encuentra limitado por su nuevo medio ambiente, no debe sorprendernos que no pueda hacer una fuerte impresión en el cerebro en los días de la infancia. Algunos niños recuerdan su pasado, especialmente en los primeros años y una de las cosas más tristes de la infancia es el que sean tal mal comprendidos por sus mayores. Cuando los niños hablan del pasado, los ridiculizan y hasta los castigan por andar "con cuentos". Si el niño habla de sus invisibles compañeros de juego y de que "ve cosas" - pues muchos niños son clarividentes- tropiezan con tratamientos análogos y el resultado inevitable es que el niño aprende a callarse hasta que pierde por completo esa facultad. Algunas veces ocurre, sin embargo, que se presta atención a la charla de un niño y entonces se obtienen como resultado admirables revelaciones. El autor oyó hablar de un caso semejante, hace algunos años en la costa del Pacífico. En la ciudad de Santa Bárbara, una niñita echó a correr hacia un señor llamado Roberts, que iba por la calle, llamándole papá, ¡¡insistiendo en decir que ella había vivido con él y otra mamá en una casita cercana a un arroyuelo, y que una mañana las había abandonado y no habla vuelto más. Ella y su madre habían muerto de hambre y la pequeña terminó diciendo: "Pero no, yo no morí; yo vine aquí". No contó la historia enseguida o sucintamente, sino que en el transcurso de una tarde, por preguntas intermitentes, se fue obteniendo ese relato. La historia del señor Roberts es la de una fuga juvenil, casamiento y migración de Inglaterra a Australia; de la construcción de una casita cerca de un arroyuelo en un paraje solitario; del abandono sin previo aviso de su esposa e hija al ser arrestado y llevado a la costa tras el cañón de un arma por los agentes que temían un engaño; de la deportación a Inglaterra acusado de un robo bancario cometido la noche en que había partido para Australia; de la forma en que demostró su inocencia y se accedió recién entonces a su persistente pedido de que buscaran a su esposa e hija que debían estar a punto de morir de inanición; de cómo se envió un telegrama y le organizó una partida de búsqueda, hallándose los esqueletos de una mujer y de una niña. Todas estas cosas corroboraron la historia de la nena de tres años, a quien se le mostraron algunas fotografías mezcladas, señalando ella enseguida los retratos del señor Roberts y de su esposa, si bien el primero había cambiado mucho en los dieciocho años transcurridos entre la tragedia ocurrida entonces y el incidente de Santa Bárbara. No debe suponerse, sin embargo, que todos los que pasan por las puertas de la muerte renazcan tan pronto como aquella nena. Un intervalo tan corto no daría al alma oportunidad alguna para el importante trabajo de asimilar sus experiencias y prepararse para una vida terrestre nueva. Pero un niño de tres años no tiene experiencia mayormente, de manera que busca un cuerpo rápidamente, encarnándose a menudo en la misma familia. Los niños mueren frecuentemente debido a que los padres cambian sus hábitos, lo que frustra el cumplimiento de las deudas de sus actos pasados. Entonces es necesario buscar otra oportunidad; o bien nacen y mueren para enseñar a los padres alguna lección que necesiten. En un caso, un Ego renació ocho veces en la misma familia, con ese propósito, antes de que aquélla aprendiera la lección. Entonces renació en otra parte, Aquel Ego era un amigo de la familia que adquirió grandes méritos ayudándola de esa manera.
La Ley del Renacimiento, cuando no está modificada por la Ley de Consecuencia en tan grande extensión como en los casos citados, obra de acuerdo con el movimiento del Sol, conocido bajo el nombre de precesión de los equinoccios, por el cual el Sol se mueve hacia atrás a través de los doce signos del Zodíaco en el año llamado sideral o mundial que comprende 25.868 años solares ordinarios. Así como el paso de la Tierra en su órbita en torno del Sol hace cambiar el clima, lo que altera estaciones y modifica nuestras actividades, así también el pasaje del Sol a través de los grandes años siderales produce cambios aún mayores tanto en el clima como en las condiciones topográficas, respecto a la civilización, y es necesario que el Ego aprenda a dominarlas todas. Por lo tanto, el Ego renace dos veces en el tiempo que el Sol tarda en pasar de un signo a otro del Zodiaco, alrededor de unos 2.100 años. Normalmente transcurren, pues, unos 1.000 años entre dos encarnaciones, y como las experiencias de un hombre son completamente distintas de las de una mujer - no variando además mayormente dichas condiciones en un millar de años, el Espíritu renace alternativamente como hombre y como mujer. Pero ésta no es una regla rígida y fatal: está sujeta a modificaciones cuando así lo requiere la Ley de Consecuencia.
De esta manera resuelve la ciencia oculta el enigma de la vida, en la búsqueda del Ego por experiencia, teniendo todas las condiciones ese propósito en vista y estando todo determinado automáticamente por los méritos de cada uno, quita a la muerte todo terror, colocando cada cosa en el lugar que le corresponde, como simples incidentes de una vida más grande, análoga al hecho de irse a otra ciudad para residir en ella algún tiempo; nos hace la despedida de los que amamos más fácil al asegurarnos que el verdadero amor que sintamos será el medio de reunirnos en el futuro y nos proporciona la mayor esperanza de la vida de que obtendremos algún día el conocimiento que iluminará todos los problemas, conectando nuestras vidas sucesivas y, lo mejor de todo, según nos dice la ciencia oculta, tenemos a nuestro alcance, por medio de nuestro esfuerzo, la posibilidad de apresurar ese glorioso día, en que la fe será absorbida por el conocimiento.
Entonces captaremos en su sentido más elevado la belleza de la afirmación poética de Sir Edwin Arnold sobre la doctrina del renacimiento:

Never the Spirit was born! (*)
The Spirit shall cease to be never
Never was time it was not,
End and beginning are dreams.
Birthless and deathless remaineth the spirit forever.
Death has not touched it at all,
Dead though the house of it seems.
Nay! but as one layeth
A worn-out robe away,
And taking another sayeth:
This will I wear today;
So putteth by the Spirit
Lightly its garment of flesh
And passeth on to inherit
A residence of flesh

(*) El espíritu nunca ha nacido ni cesará de ser jamás. En tiempo alguno ha dejado de ser. Principio y fin no son más que ensoñaciones. El espíritu ha permanecido siempre libre de todo nacimiento o muerte. Ésta en nada lo afecta. Así como uno se quita un vestido viejo y tome otro nuevo diciendo- hoy usaré éste, así también deja el espíritu su ropaje de carne y va en busca de otro nuevo.

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

*

¿DONDE ESTÁN LOS MUERTOS?

INSTRUCCIÓN II


¿DONDE ESTÁN LOS MUERTOS?

Un poco de meditación hará evidente a cualquier investigador que vivimos en un mundo de efectos que es el resultado de causas invisibles. Vemos la Materia y la forma, pero la Fuerza que moldea a la materia en formas y la vivifica es invisible para nosotros. No podemos conocer la vida directamente por medio de los sentidos; es invisible y existe por sí mismo independiente de las diversas formas que vemos como manifestación de ella.
Electricidad, magnetismo, vapor, son otros tantos nombres que damos a fuerzas que no podrán ver nunca los ojos físicos, si bien sujetándolas a ciertas leyes descubiertas por la
experimentación podemos convertirlas en nuestros servidores más valiosos. Vemos su manifestación en el movimiento de los automóviles, en los ferrocarriles y vapores; ellas iluminan nuestro camino por la noche o llevan nuestros mensajes en torno del globo con una velocidad tal, que el espacio queda casi como aniquilado, poniendo las antípodas al alcance de nuestra mano en pocos segundos de tiempo.
Ellas están enteramente bajo nuestro dominio, infatigable y fieles en la realización de innumerables tareas, si bien, como ya dijimos, nunca hemos visto a esas fidelísimas e inestimables servidoras. Esas fuerzas naturales no son ni ciegas ni ininteligentes como equivocadamente creemos; hay muchas clases de ellas y obran en diferentes sentidos en la vida. Puede ser que una ilustración haga más claro su estado con relación a nosotros.
Supongamos un carpintero construyendo una empalizada y un perro ante él observándolo. El perro ve al carpintero y a su obra a la vez, si bien no comprende del todo que es lo que está haciendo. Si el carpintero fuera invisible para el perro éste vería que la empalizada se iba formando lentamente, vería como se hundían los clavos, percibiría la manifestación pero no la causa y estaría entonces en la misma relación respecto al carpintero que nosotros respecto a los fuerzas naturales que se manifiestan en torno nuestro como gravedad, electricidad o magnetismo.
Durante las últimas centurias, pero especialmente en los últimos sesenta años, la ciencia ha hecho enormes progresos en la investigación del mundo en el que vivimos y el resultado ha sido la revelación en todo sentido de un mundo anteriormente invisible. Con
telescopios de creciente poder los astrónomos han ido penetrando el espacio, descubriendo más y más mundos; con admirable ingeniosidad han unido la cámara obscura al telescopio y han fotografiado así soles que están a enormes distancias de nosotros, tanto, que sus rayos no impresionan nuestra retina y únicamente pueden encontrarse mediante largas horas de exposición con placas sumamente sensibles.
En el dominio de lo diminutamente pequeño, la creciente perfección del microscopio ha obtenido resultados semejantes; un mundo invisible anteriormente ha sido descubierto,
conteniendo una vida activísima cuya diversidad es apenas menos compleja que el mundo que percibimos a través de nuestros imperfectos sentidos. El mirar a través del ocular de un microscopio produce una gran fatiga en los ojos, pero aquí también los lentes de la cámara obscura ayudan al hombre. Con los accesorios mecánicos apropiados y con una iluminación conveniente se pueden obtener placas permanentes de los fenómenos microscópicos a una velocidad aproximada de setenta negativos por segundo. Éstos pueden ser luego amplificados y proyectados sobre una pantalla como cuadros vivientes, movibles, que centenares de personas pueden ver a la vez sentadas confortablemente.
Puede observarse como la savia circula lentamente por las venas de una hoja o examinar el camino que recorre la sangre a través de las semitransparentes venas de la pierna de una rama. Los gusanos del queso parecen tan grandes como cangrejos caminando de un lado para otro en busca de presa. Una gota de agua contiene muchos globitos de color obscuro que crecen y revientan arrojando numerosísimas bolitas minúsculas que a su vez se expanden y salen fuera de su matriz. El doctor Bastián, de Londres, ha pedido ver hasta una pequeña manchita situada en el dorso de un cíclope (de los que hay muchos en una gota de agua) que se desarrollaba convirtiéndose en un parásito que luego se alimentaba del cíclope. Por medio de los rayos X la ciencia ha podido invadir los pliegues más recónditos del cuerpo denso de un ser humano vivo, fotografiando el esqueleto y cualquier substancia extraña que se hubiera alojado allí por cualquier accidente. De esta manera se ha descubierto un mundo nuevo, anteriormente invisible a la mirada de los persistentes investigadores. ¿Quién podría decir que se ha llegado al fin; que no hay otros mundos en el espacio más allá de los fotografiados actualmente por los astrónomos; que no hay vida que habite formas más diminutas que las ya descubiertas
por los mejores microscopios de hoy? Mañana puede descubrirse o inventarse algún instrumento que llegue más allá que todos los actuales y que muestre mucho de lo que hoy es invisible. La infinidad del espacio, de lo grande y de lo pequeño parece estar más allá de toda cuestión y es independiente de nuestro conocimiento.
Considerando las maravillosas realizaciones de la. ciencia física, hay una característica que debe notarse particularmente: que cada nuevo descubrimiento se ha efectuado mediante algún invento nuevo o perfeccionamiento de otros ya existentes para ayudar a los sentidos; y por esa razón las investigaciones de la ciencia han quedado limitadas al mundo de los sentidos: el mundo físico denso. Los hombres de ciencia operan con los elementos químicos, sólidos, líquidos y gases; pero más allá de esos no, porque no tienen instrumentos capaces para ello, si bien se ven obligados a admitir la existencia de una substancia más sutil que llaman "éter" pues sin ese médium sutil no pueden explicar la luz, la electricidad, etc. Vemos, pues, que la ciencia física reconoce inductivamente la existencia de un mundo invisible como una necesidad en la economía de la Naturaleza.
La ciencia física y la oculta concuerdan por lo tanto en ese punto y ambas buscan la solución de los problemas en el mundo invisible. Sólo difieren en cuanto al método de investigación y a la fe que debe prestarse a los resultados así obtenidos. La ciencia material busca explicación a los problemas no solucionados sólo sobre una base
puramente física, tal como el paso de las ondas luminosas a través de un vacío o la analogía de las flores de la estación actual con las de los veranos pasados. En tales casos admite un algo invisible e intangible como el éter o la herencia y se enorgullece de su perspicacia y de la ingeniosidad de sus explicaciones.
La ciencia oculta afirma que la raíz de todo fenómeno visible es una causa invisible, la que cuando se conozca proporcionará una comprensión más perfecta de los hechos de la vida que el concepto mecánico, y esa idea más comprensiva se obtiene por el estudio de ambos, el fenómeno y el noúmeno las causas que subyacen en el mundo invisible.
Aquélla (la ciencia oculta) investiga por lo tanto los mundos invisibles y ofrece una solución más perfecta y razonable a los problemas de la vida que los simples hechos de la ciencia derivados solamente de la observación de los fenómenos físicos. La ciencia material admite el éter y la herencia como soluciones a los problemas citados, si bien no puede dar una prueba real de la verdad de sus hipótesis excepto su aparente razonabilidad. Sin embargo, cuando la ciencia oculta que emplea métodos similares declara la existencia del Espíritu, su inmortalidad, su preexistencia al nacimiento y su persistencia después de la muerte, su independencia del cuerpo, etc., la ciencia física sonríe burlonamente y habla atolondradamente de superstición y de ignorancia. Pide pruebas, aunque la evidencia ofrecida es por lo menos tan buena como la que dan los hombres de ciencia sobre el éter, la herencia y otras numerosas ideas emitidas por ellos, implícitamente creída por la multitud, que admirada toca el polvo con la cabeza ante cualquier cosa dictada por la mágica palabra: Ciencia. Nadie puede demostrar una verdad contenida en cualquier proposición geométrica a una persona que no esté versada en los principios matemáticos. Por análogas razones no pueden probarse los hechos de los mundos internos a los científicos materialistas. Si la persona que ignora las matemáticas las estudia entonces será facilísimo satisfacerla en cuanto a la solución de sus problemas. Cuando la ciencia física se haya preparado para la comprensión de los hechos suprafísicos, obtendrá la prueba y se verá obligada a sostener las teorías que ahora combate como superstición.
La ciencia oculta comienzo su investigación en el punto en el que la ciencia material la abandona en el portal de los dominios suprafísicos mal llamados sobrenaturales. No hay
nada sobre natural o innatural, nada que pueda estar fuera de la Naturaleza, si bien puede ser muy bien suprafísico, porque el mundo físico es la parte más pequeña de la Tierra. Sin embargo, diferentemente de la ciencia materialista, el ocultista no efectua sus investigaciones por medio de instrumentos mecánicos, sino perfeccionándose a sí mismo, cultivando las facultades perceptivas latentes en todos los hombres capaces de ser despertadas mediante el ejercitamiento conveniente. Las palabras de Cristo "buscad y encontrarais" se refieren particularmente a las cualidades espirituales y se dirigen a "todos los que quieran"; todo depende de uno mismo; no hay nadie que ponga obstáculos
pero en cambio hay muchos dispuestos a ayudar a todo aspirante aplicado que anhele el conocimiento. Discutir los medios y caminos para obtenerlo está, sin embargo, fuera del
tema que tratamos y lo dilucidaremos en las Instrucciones III y XI.
"Pero" dirán algunos "¿por qué molestarse por los mundos invisibles? Si estamos colocados en este mundo material ¿qué tenemos que hacer en esos mundos invisibles ahora? Y aún cuando sea cierto que vamos a ellos después de la muerte, ¿por qué río ocuparnos de cada mundo a la vez, a su debido tiempo? Bastantes molestias y fatigas nos proporciona éste hoy, ¿para qué aumentarlas más?" Seguramente, esa concepción de las cosas es muy estrecha. En primer término, el conocimiento de lo que ocurre después de la muerte nos quitaría el miedo de ella que atormenta a tanta gente aún
cuando gocen de buena salud. Aún en la vida más libre de cuidados hay momentos en los que alguna vez llega el pensamiento de aquélla en la obscuridad, lo que cierra los sentidos a la alegría de la vida, y cualquier explicación que ofrezca un conocimiento definido, de confianza, sobre el asunto, debe ser seguramente bien recibido. Además, cuando miramos en torno nuestro en el mundo, vemos que hay una ley evidente hasta para los más tardos: la ley de causalidad. Nuestro trabajo y condiciones diarias dependen de lo que hicimos o dejamos de hacer el día anterior; nos es absolutamente imposible librarnos de nuestro pasado, el poder "comenzar nuevamente en libertad". No podemos realizar acto alguno que no esté en relación con nuestros actos anteriores, limitados y rodeados como estamos por nuestras acciones primitivas; y es muy razonable suponer que cualesquiera que puedan ser los modos de expresión de la vida en el mundo invisible, estarán determinados en alguna forma por nuestra manera actual de vivir. Y sería igualmente lógico declarar que si se pudiera obtener alguna información de confianza sobre ese mundo invisible se obraría sabiamente preparándose para ello, por las mismas razones que cuando deseamos viajar por países extranjeros tratamos antes de familiarizarnos con su geografía, leyes, costumbres, lenguaje y otras cosas necesarias. Hacemos ésto porque sabemos que cuanto más equipados estemos con ese conocimiento tanto más provecho sacaremos de nuestro viaje y menores serán las molestias que nos ocasionarán esos cambios. Y lo mismo debe ser lógicamente cierto respecto a los estados post-mortem.
Nuevamente el objetador dirá: "Pero si precisamente está ahí la cuestión! Sean cuales fueren las condiciones después de la muerte nadie las conoce con certeza. Los que
dicen conocerlas difieren todos en sus relatos, muchos de los cuales son irrazonables o imposibles".
En primer lugar, nadie tiene moralmente el derecho de asegurar que nadie sabe, salvo que él mismo sea omnisciente y conozca la extensión de los conocimentos de todos los que viven, y es el colmo de la arrogancia el tratar de juzgar las capacidades mentales de los demás por las propias estrechas ideas que tienen los que generalmente hacen esas afirmaciones. El sabio tiene siempre pronto el oído para escuchar toda nueva evidencia y estará deseoso de investigarla. Y aún cuando no hubiera más que un sólo hombre que afirmara conocer los mundos invisibles eso no probaría en manera alguna que estuviera equivocado. ¿No se mantuvo solo Galileo cuando afirmaba su teoría sobre el movimiento de los cuerpos celestes, a la cual se convirtió después todo el mundo occidental?
En cuanto a las diferencias en los relatos de los que afirman conocer los mundos invisibles, es muy natural que así sea y es un hecho inestimable, como lo probará una ilustración tomada de la vida diaria. Supongamos que la ciudad de San Francisco (California) ha sido completamente reconstruida en gran escala, con todos los perfeccionamientos modernos y se hubiera decidido celebrar el acontecimiento con un gran festival. Millares de personas acudirían a la Golden Gate (Puerta de Oro) para regocijarse en el nuevo Fénix, surgido de las cenizas de esa hermosa ciudad tan súbitamente arrasada por el fuego. Entre otros vendrían probablemente un buen número de periodistas, reporteros de diversas partes del país, con objeto de enviar crónicas a sus respectivos diarios. Puede deducirse fácilmente que ni dos crónicas de las enviadas serían iguales. Algunas tratarán determinados puntos en general. Otras serán completamente distintas de las demás bajo cualquier aspecto en que se las considera, por la sencilla razón de que cada reportero vería la ciudad desde un punto de vista particular anotando solamente lo que le llamara la atención. Así, pues, en vez de ser la diversidad de las crónicas un argumento contra su verosimilitud y certeza, se verá facilmente que todas no son más que aspectos diversos de un todo único y puede agregarse que un hombre que haya leído todas las crónicas habrá adquirido una idea mucho más amplia sobre San Francisco que si sólo hubiera leído una, subscripta por uno de los tantos periodistas.
El mismo principio debe aplicarse a los diferentes relatos descriptivos de los mundos invisibles; no son necesariamente falsos porque sean distintos, sino que en conjunto forman una narración más completa y acabada. En cuanto a los relatos "imposibles", supongamos que uno de esos reporteros idos a San Francisco, en vez de haber observado los festejos hubiera empleado su tiempo en divertirse, enviando luego una
crónica imaginaria: seguramente, eso no invalidaría las crónicas hechas honradamente.
O supongamos que uno de ellos llevaba un par de anteojos amarillos sin saberlo y que enviara una crónica diciendo que casas y calles eran de oro; eso demostraría únicamente su ignorancia respecto a que ese color era de sus anteojos y no de la ciudad, y su crónica en nada perjudicaría a la verdad reflejada en las de los demás. Y por último recordemos que aún cuando actualmente hay algunas cosas que están más allá de nuestro poder de raciocinio presente, eso no prueba absolutamente que sea irrazonable. El que un niño no comprenda la raíz cuadrada no es prueba alguna contra las matemáticas. En una
palabra, los materialistas no pueden oponer argumento alguno para probar que no hay ningún mundo invisible, así como un hombre nacido ciego no puede discutir la existencia de la luz y del color en el mundo que le rodea. Si obtiene su vista los verá. Ningún argumento de los ciegos respecto de ese mundo puede convencer al vidente de la no existencia de lo que ve, y si el sentido apropiado se despierta en esas personas percibirán ellas también, el mundo para el que antes eran insensibles, aunque estaba en torno de ellas, así como la luz y el color compenetran todo el mundo de los sentidos percíbanse o no. Pasando de este testimonio negativo de la existencia de los dominios suprafísicos a una evidencia más efectiva, otro ejemplo tomado de la vida diaria
demostrará que en toda la Naturaleza la materia está transformándose constantemente de estados densos en estados sutiles. Si tomamos un trozo de hielo tenemos un "sólido"; calentándolo aumentamos la vibración de los átomos que lo componen y se convierte en un "líquido": agua. Si lo calentamos aún más, elevaremos las vibraciones de los átomos del agua, a un grado tal que se llegarán a hacer invisibles para los ojos; entonces tenemos un "gas" que llamamos vapor. La misma materia que era visible como hielo y como agua ha pasado más allá de nuestra visión, pero no más allá de nuestra existencia; enfriándola la condensaríamos convirtiéndola en agua, y enfriándola aún más la
cristalizaríamos en hielo.
Aunque la materia pueda traspasar el radio de nuestra percepción sigue siempre existiendo. Así sucede con el conocimiento interior. La conciencia subsiste también, aún cuando no pueda dar seriales de existencia. Esto ha sido probado en varios casos en los que una persona ha muerto aparentemente, no pudiéndose percibir el más leve movimiento respiratorio, y en el último momento, antes del entierro, el supuesto muerto
ha vuelto a la vida, repitiendo todas las palabras y describiendo todos los actos de aquellos que lo rodeaban cuando estaba en trance. Por lo tanto, si la materia es indestructible y se sabe que existen estados invisibles e intangibles de la misma y si el conocimiento interior está tan alerta o es quizás más perspicaz cuando el cuerpo denso está en trance que en la vida despierta, ¿no es razonable suponer que este conocimiento interior puede modelar la materia invisible para nosotros y funcionar en ella cuando se desencarna (así como moldea durante la vida terrestre la materia de este mundo) produciendo o trayendo así a la existencia otro mundo de formas y de conocimiento interior tan real para el espíritu desencarnado como este mundo lo es para los ojos físicos?
Aún durante la vida en el cuerpo denso conocemos y tratamos con el mundo invisible en cada momento de nuestra existencia, y la vida que en él vivimos es la parte más importante de nuestro ser: La base de la vida en el cuerpo denso. Todos tenemos una
vida interna, que vivimos en medio de nuestros pensamientos y sentimientos, contemplando escenas y condiciones desconocidas para nuestro alrededor externo. Allí la mente da forma a nuestras ideas, convirtiéndolas en imágenes mentales que después exteriorizamos. Todo cuanto vernos en torno nuestro y todo cuanto está en contacto con nuestros sentidos no es sino la sombra evanescente de un mundo invisible e intangible.
El mundo visible es la cristalización de los dominios invisibles, así como la conchita dura y graciosa del caracol no es más que la cristalización de los jugos de su blando cuerpo.
Además, así como la casita del caracol es inerte y permanecería inmóvil si el caracol no la moviera, así también los cuerpos vegetales, animales y humanos no son sino emanaciones inertes del espíritu que subyace en el mundo invisible y salvo que esa vida subyacente galvanice la forma y la ponga en acción, ésta es incapaz de movimiento.
Esos cuerpos se conservan únicamente mientras sirven para los propósitos del Espíritu; cuando éste los abandona ya no hay nada que pueda mantener la forma unida y por eso se disgrega, se desintegra.
Aún más, todo lo que vemos en tomo nuestro como las casas, automóviles, vapores, teléfonos, y en una palabra, todos los objetos que la mano del hombre ha construido, no son más que IMAGINACIONES cristalizadas, que tienen su origen en el mundo invisible.
Si Graham Bell, no hubiera imaginado el teléfono, nunca hubiera éste existido. Fue la "vida interna" de Fulton la que dio a luz el primer buque de vapor, mucho antes de que se hiciera el visible "Clermont".
En cuanto a la realidad y permanencia de los objetos del mundo invisible, la son mucho más que lo que equivocadamente creemos, son el pináculo de la "realidad".
Consideremos nuestras imágenes mentales o imaginaciones como menos reales que un miraje y hablamos de ellas muy a la ligera, como de "simples pensamientos" o "nada más que una idea", cuando en verdad son realidades subyacentes de todo lo que vemos en
torno nuestro, en el mundo en que vivimos. Una ilustración aclarará el punto:
Cuando un arquitecto desea construir una casa no empieza por pedir que se manden materiales al sitio requerido y por contratar obreros ordenándoles que empiecen a
construir. Antes formula una idea; medita sobre ella; primero construye la casa "en su mente" con tantos detalles como sea posible. y de este modelo mental podría construirse la casa si pudiera ser visto por los obreros, pero dicho modelo está aún en el mundo invisible y a pesar de que el arquitecto lo ve claramente, el "velo de la carne" impide que los otros lo vean. De manera, pues, que es necesario llevarlo al mundo de los sentidos y hacer planos visibles de la casa a fin de que los obreros puedan trabajar de acuerdo con
ellos. Esta es la primera consolidación de la imagen mental del arquitecto y cuando la casa está construida vemos en piedra y madera lo que fue primero una idea en la mente del arquitecto, invisible para nosotros.
En cuanto a la relativa estabilidad de la idea y del edificio es bien claro que la casa puede ser destruida por la dinamita o por cualquier otro poderoso medio de destrucción, pero la "idea" de la mente del arquitecto ni siquiera él mismo puede destruirla y mediante esa ideación puede construirse otra casa idéntica en cualquier momento mientras viva el arquitecto. Y aún después de su muerte esa idea puede encontrarse en la memoria de la
Naturaleza (de la que se hablará algo más en la próxima Instrucción) por cualquiera que esté calificado para ello; sin importar nada el tiempo en que esa idea se imprimió allí, pues nunca se perderá ni destruirá.
Si bien podemos así "inferir" inductivamente la existencia de un mundo invisible no es  ese el único medio de probarlo. Hay gran abundancia de testimonios directos que demuestran que existe tal mundo, testimonios de hombres y mujeres de incuestionable integridad, cuya veracidad y corrección no han sido nunca motivo de discusión sobre otros asuntos, que afirman que el mundo invisible está habitado por los que llamamos muertos, quienes están viviendo allí en plena posesión de todas sus facultades emocionales y mentales, viviendo bajo condiciones que hacen su vida tan real y provechosa como la nuestra o quizás más. Es posible demostrar también que por lo menos algunos de ellos se toman mucho interés por los asuntos del mundo físico.
Bastará con apelar a sólo dos ejemplos de fama mundial. En primer término está el testimonio de Juana de Arco, la "Doncella de Orleans" que oía "voces que la hablaban y que la dirigían". Consideremos la historia de su vida y veamos si ella no lleva el sello de la
verdad. Aquí nos encontramos con una muchacha sencilla, pura y sin sofismas, poco más que una niña, que nunca había estado fuera de su ciudad nativa antes de llevar a cabo su “misión". Era extremadamente tímida, temerosa de desobedecer a su padre, si bien las imperiosas "voces" le hicieron desafiar su disgusto v fue en busca del rey de Francia.
Después de muchas dificultades, pero constantemente guiada por las voces, a ella le fue concedida una audiencia por el rey. Cuando ella entró, el rey estaba en medio de sus cortesanos, los que habían puesto un muñeco en el trono, y todos esperaban verla desconcertada porque jamás habla visto al rey, pero guiada por las fidelísimas voces Juana marchó sin vacilar hacia él y lo saludó. Lo convenció de la verdad de su misión susurrando en su oído un secreto abrumador que él sólo conocía.
Ante esa prueba se quitó el comando del ejército francés de manos de experimentados generales, que habían sido derrotados por los ingleses en todas partes y se lo puso en manos de esa niña que nada sabía de estrategia, si bien guiada por sus invisibles guías llevó las tropas francesas a la victoria. Su conocimiento de la táctica militar fue la constante admiración de sus compañeros y en sí mismo era una prueba de la dirección invisibles que ella invocaba. Vemos después su apresamiento, sujeta durante años enteros a traiciones y sufrimientos por sus crueles perseguidores, quienes la querían
inducir a que dijera que no había habido tales voces, pero los archivos de su proceso y de
las diferentes pruebas a que fue sometida demuestran por sus respuestas una sencillez mental, una inocencia inmaculada y una rectitud sin igual en los anales de la historia, lo que confundía a sus jueces más y más. Ni aún la muerte en la hoguera la pudo hacer abjurar la verdad que conocía, y hasta en los tiempos actuales su testimonio respecto a las voces guiadoras del mundo invisible se mantiene firme, sellado con su sangre. Esta
mártir de la verdad ha sido últimamente canonizada por la misma iglesia que antes la condenó.
Ah, dirá alguno, si bien no hay duda alguna de que era una honrada muchacha y sencilla campesina, estaba sufriendo alucinaciones "... ¡Extrañas alucinaciones las que le permitieron señalar al rey sin vacilar, a quien no había visto nunca, y decirle un secreto que sólo él conocía, y describir batallas que se estaban efectuando a muchas millas de distancia, lo que después era corroborado por los que habían tomado parte en ellas!
Pero pasemos al segundo ejemplo, que no se refiere seguramente a una "mente sencilla". En ese respecto Sócrates era una absoluta antítesis de Juana de Arco, porque era la inteligencia más sutil, la mente más grande que hayamos conocido, no igualada en los presentes días. También él selló su testimonio sobre la voz guiadora del mundo invisible con su vida y podemos tomar como un hecho evidente el que esa voz debe haber sido extraordinariamente inteligente, pues si no, no hubiera podido aconsejar a un sabio tan grande como Sócrates.
Decir que era un loco o que sufría alucinaciones sería muy fuerte, porque un hombre que, como Sócrates, trataba todos los asuntos con tanta exactitud, está más allá de toda sospecha por ese lado y lo más razonable sería confesar que "hay más cosas en los cielos y en la tierra" que las que conocemos individual o colectivamente y entonces debemos comenzar a investigarlas.
Esto es precisamente lo que la mayor parte de las personas avanzadas están haciendo en nuestros días, realizando que es tan absurdo ser demasiado escéptico para investigar como ser excesivamente crédulo y tomar por artículo de fe todo cuanto oigamos.
Unicamente informándonos nosotros mismos apropiadamente nos será posible arribar a una conclusión digna de nuestra condición humana, sin importar nada el que nos decidamos por un camino o por el otro.
Reconociendo este principio y la gran importancia del asunto la Society for Psychical Research (Sociedad de Investigaciones Psíquicas) se formó hace más de un cuarto de siglo y reunió en su seno a algunas de las más brillantes inteligencias de nuestros
tiempos. No han escatimado trabajos para separar la verdad del error en los millares de casos puestos a su estudio, y como resultado vemos que uno de los hombres de ciencia
más prominentes de nuestros días, Sir Oliver Lodge, como presidente de la sociedad afirmó ante el mundo, hace algunos años, "la existencia de un mundo invisible habitado por los llamados muertos y su poder de comunicarse con este mundo ha quedado establecido más allá de toda vacilación, con tal abundancia de casos que no hay sitio alguno para la menor duda".
Viniendo esa afirmación de donde viene, de uno de los más grandes hombres de ciencia modernos, que ha llevado a sus estudios psíquicos una mente aguzada por la ciencia, que estaba bien protegido contra cualquier engaño, tal testimonio debe merecer el mayor respecto a todos los que buscan la verdad. Habiendo, pues, examinado evidencias
inductivas, deductivas y directas, podemos agregar la existencia de otro mundo, intangible para los cinco sentidos, pero fácil de investigar por medio del "sexto sentido", hecho natural, reconozcámoslo o no, así como la luz y el color existen por doquiera, en torno del ciego y del que ve. Es la ceguera del hombre la que le impide verlos. Es nuestra "ceguera" la que nos impide ver los dominios suprafísicos; pero para todos los que se tomen el trabajo de despertar sus facultades latentes la apertura del sentido correspondiente no es más que cuestión de tiempo. Cuando ese tiempo llegue veremos que los llamados “muertos" están todos en torno nuestro y que en realidad "no hay muerte", como John McCreery dice en su hermosísimo poema:

There is no death. The stars go down (*)
To rise upon another shore,
And bright in heaven's jeweled crown
They shine for evermore.
There is no death. The forest leaves
Convert to life the viewless air;
The rocks disorganize to feed
The hungry moss they bear.
There is no death. The dust we tread
Shall change beneath the summer showers
To golden grain or mellow fruit,
Or rainbow-tinted flowers.
There is no death. The leaves may fall,
The flowers may fade and pass away-
They only wait through wintry hours,
The warm, sweet breath of May.
There is no death, although we grieve
When beautiful familiar forms
That we haye leamed to love are torn
From our embracing arms.
Although with bowed and breaking heart
With sable garb and silent tread
We hear their senseless dust to rest
And say that they are dead-
They are not dead. They have but passed
Beyond the mists that blind us here
Into the new and larger life
Of that serener sphere.
They haye but dropped their robe of clay
To put a shining raiment on;
They have not wandered far away
They are not "lost" or “gone”
Trough unseen to the mortal eye,
They still are here and lovye us yet;
The dear ones they haye left behind
They never do forget.
Sometimes upon our fevered brew
We feel their touch, a breath of balm;
Our spirit sees them, and our hearts
Grow comforted and calm.
Yes, ever near us, though unseen,
Our dear, immortal spirits tread –
For all God's boundless Universe
Is Life-there are no dead.

(*) La muerte no existe. Los astros se ponen
Para surgir sobre otros cielos
Y en la corona joyante del firmamento
Brillan eternamente.
La muerte no existe. Las hojas del bosque
Se convierten en la vida del aire invisible
Las rocas se desintegran para alimentar
A los musgos hambrientos que sobre ellas crecen
La muerte no existe. El polvo que pisamos,
Al llegar el verano se transformará
En dorados granos o dulces frutos
O en flores policromas.
La muerte no existe. Las hojas caerán
Las flores se marchitarán y dejarán de ser
Pero solo esperan en las horas invernales
El dulce y caliente hálito de mayo.
No existe la muerte, aunque lloremos
Cuando hermosas formas familiares
Que hemos aprendido a amar son arrancadas
De nuestros brazos.
Aunque con el corazón destrozado
Con negro luto y silente paso
llevemos su barro insensible a descansar
Y digamos que se han muerto.
No hay muertos; no han hecho más que pasar
Más allá de las brumas
Que aquí nos ciegan. Hanse ido a la vida nueva
Y más amplia de aquella esfera más serena.
Sólo se han sacado sus harapos
Para ponerse una veste radiante
No se han ido lejos,
No se han ido ni separado,
Aunque invisibles para el ojo mortal
Están todavía aquí y nos aman aun
Y no olvidan nunca a los seres queridos
Que dejaron atrás.
Algunas veces nuestra frente febril
Siente su caricia, un aliento balsámico;
Nuestro espíritu los ve y nuestros
Corazones se reconfortan y serenan.
Si, siempre cerca de nosotros, aunque invisibles
Están nuestros queridos e inmortales espíritu
Porque en todo el infinito universo de Dios
Todo es vida, la muerte no existe.

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

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