jueves, 25 de febrero de 2010

ASTROLOGÍA Su Alcance y Limitaciones

INSTRUCCIÓN X



ASTROLOGÍA
Su Alcance y Limitaciones


En nuestros tiempos, la astrología ha llegado a ser considerada una explotada sofisticación y, como el clarividente, el astrólogo es tenido por charlatán, y no sin razón, al observar los anuncios que se encuentran en la mayoría de las publicaciones ofreciendo el trazado de horóscopos que abarcan desde el nacimiento hasta la tumba por la magnífica suma de diez centavos y hasta por sólo una estampilla, lo que justifica en cierto modo el apelativo de "fakir" que se atribuye. Esta Instrucción tiene, por objeto mostrar otro aspecto
de la astrología que no se conoce generalmente: señalar sus alcances y limitaciones.

Hay dos clases de astrología y dos clases de astrólogos: unos no sacan nunca el horóscopo del solicitante sino que solamente preguntan el mes del nacimiento, cuyo dato les indica en que signo estaba el Sol cuando nació esa persona. Entonces copian de un libro o de una serie de doce fórmulas mimeografiadas que dan el "sino" de la persona.
Para cualquier mente razonadora es evidente que hay más de doce clases de personas en el mundo, y de acuerdo con ese método habría una similaridad de vida en el caso de cada doce personas pero sabemos que ni dos personas tienen nunca las mismas experiencias, que cada vida es diferente de las de los demás, y que cualquier método que no haga tales distinciones debe ser completamente falso. El astrólogo de los 10 centavos
es un buen hombre de negocios. Sus "lecturas" mimeografiadas, gastos de correo, etc., no más de dos centavos, así que siempre saca una ganancia de ocho centavos en cada horóscopo (?). Comercialmente, ese es un beneficio enorme, pero se reduce a la insignificancia por el hecho de que en cada caso el astrólogo (?) obtiene la dirección de un tonto, al que le sacará el jugo notificando a sus clientes de vez en cuando que ciertos
hechos futuros van a ocurrir muy pronto, y que se los revelará previo pago de un dólar.

Seguirá trabajando así a su víctima sistemáticamente hasta que por último la experiencia le haya enseñado a ésta el valor de los pronósticos de aquél, y entonces esas víctimas son las que gritan contra la astrología diciendo que es un fraude o una locura.
El método científico exige en primer lugar, el día, mes y año de nacimiento, pues toma en cuenta a todos los nueve cuerpos celestes del sistema solar, y sabe que en cada momento tiene entre si ciertas posiciones relativas. La misma posición no se repetirá otra vez hasta que haya pasado un año sideral, el que se compone de 25.868 años ordinarios, así que si un niño naciera hoy se necesitarían 25.868 años más antes de que otro niño pudiera nacer con el mismo horóscopo. Pero aún esos datos no son suficientes, pues se estima que cada segundo nace un niño y éstos sumarían en un día 86.400, cuya experiencia en la vida sería igual si sólo el día de nacimiento fuera lo que se tomara en consideración. Por consiguiente el astrólogo científico pide también la hora y el lugar del nacimiento, además del día, mes y año, pues hay personas que nacen en el mismo sitio y a la misma hora y minuto; hasta los gemelos o mellizos pueden nacer con veinte minutos o varias horas de diferencia, y ésto produce también una gran diferencia. Cuando
proceden de la misma envoltura y se parecen, habrán nacido con el mismo signo zodiacal que estaba elevándose por el Este, porque ese es un factor importante para dar forma al
cuerpo, pero cuando nacen en envolturas separadas y desemejantes, el cálculo demostrará el hecho de que el final de un signo estaba elevándose cuando nació el uno, mientras que se elevaba el principio del signo próximo cuando nació el segundo, o, si hay varias horas de intervalo entre uno y otro, podrá haber varios signos zodiacales entre ellos, porque como la Tierra gira todo el día sobre su eje, hace un signo nuevo cada dos
horas en el ecuador, pero cuanto más cerca se esté del polo algunos signos pasarán más rápidamente debido a la inclinación del eje terrestre, así que a veces puede haber varios signos entre el nacimiento de los gemelos, lo que hará sus vidas muy diferentes.
Sin embargo, cuando los niños nacen en el mismo lugar y al mismo tiempo, hay también una semejanza marcada en sus vidas. Se recuerdan varios de esos casos. Un ejemplo
bastará: Un señor llamado Samuel Hemmings nació en el mismo sitio, en Londres, en la misma hora y casi en el mismo minuto que el rey Jorge III, el día 4 de junio de 1738. Se
hizo negociante en aceros en el mismo día en que el rey fue coronado, se casó el mismo día que su majestad, murieron ambos en el mismo momento, y todos los sucesos de sus
vidas se parecían unos a otros. La diferencia de estado impidió que ambos fueran reyes, pero en el mismo día en que el uno era coronado como monarca de un reino, el otro se
convertía en un hombre de negocios independiente.

La Astronomía es respecto de la astrología lo que la anatomía respecto de la fisiología. la Anatomía nos cuenta los hechos en sí, nos dice dónde se encuentran los órganos constituyentes del cuerpo, así como su estructura, y la Astronomía nos da los datos
respecto a los cuerpos celestes. Pero, al fisiólogo es a quien corresponde enunciar la utilidad de las diferentes partes orgánicas del cuerpo, que es lo que presta valor a aquel
conocimiento. Y así es también la parte que le corresponde a la Astrología, la de explicar los significados de las mutables posiciones relativas de los cuerpos celestes respecto a
los actos de la humanidad. No se necesita argumentación alguna para probar que la condición química de la atmósfera terrestre es por la mañana diferente de la de por la tarde, o de la del mediodía. Vemos también los cambios que se producen en las diversas estaciones, y reconocemos que son debidos al cambio de posición del Sol. Reconocemos el efecto de la Luna sobre las marcas, etc. Esos cuerpos celestes se mueven muy de prisa y están produciendo constantemente cambios en las condiciones atmosféricas de la Tierra; y en estos días de radiotelegrafía no ha de ser muy difícil concebir que los otros cuerpos celestes también producen efectos. Como hemos ya visto, esos cambios son tan numerosas que las mismas condiciones químicas no pueden repetirse más que a intervalos de 25.868 años. Vemos pues que las condiciones electroestáticas de la atmósfera en el momento en que el niño aspira su primer aliento, imprimen en cada átomo del pequeño cuerpo sensitivo una marca individual. Es como si se cargara una batería eléctrica nueva, y cualquier cambio de las condiciones atmosféricas afectará a ese cerebro diferentemente que a todos los demás, porque su marca original es distinta de la de los otros.
Muchas personas tienen la idea de que la astrología es fatalista y si bien a primera vista puede parecer que así es, un estudio más profundo demostrará que esa idea es errónea, que todas nuestras penas y tristezas son el resultado de la ignorancia, y el conocimiento puede prevenir cualquier infortunio si se aplica a su debido tiempo; y con objeto de comprender la amplitud de nuestro libre albedrío debemos reconocer el hecho de que el
resultado de nuestras obras pasadas se efectúa mediante un triple proceso de maduración.
En primer lugar hay causas que han seguido su curso sin ser modificadas por otros actos, y están tan cerca de producir efectos que son semejantes a la bala disparada de una
pistola; está más allá de nuestro poder el detenerla y hay que dejar que siga su curso para bien o para mal. A éstos se les llama en ocultismo causación "madura", y se ven
claramente en el horóscopo cuando éste se hace debidamente. Por supuesto, no nos será beneficioso en un sentido el conocerlas cuando no podemos evitarlas, pero algunas
veces podemos alterar las condiciones bajo las cuales esa causación madura se gasta por sí misma, y en eso reside la esperanza. Vemos las nubes pasajeras y sabremos
cuando habrán gastado su furia, lo que nos da una esperanza que no tendríamos a no ser por los pronósticos astrológicos.

La segunda clase de causas se generan y trabajan cada día: una especie de "pago conforme se negocia". Estas causas pueden anularse o rectificarse conociendo la astrología. Las tendencias individuales también se ven en el horóscopo.
La tercer clase de causas son las que estamos poniendo en movimiento, pero que no podemos trabajar por el momento. De estas se salva uno mediante el ajuste apropiado en
los últimos años de la vida o en vidas posteriores. El horóscopo nos ayudará mostrándonos nuestras tendencias, de manera tal que entonces podamos tener cuidado en los momentos críticos, trabajando con todo nuestro poder para aprovechar las buenas
oportunidades y haciendo los esfuerzos posibles para librarnos de alguna mala tendencia.

Para ilustrar la obra de la Ley de Consecuencia con relación a las predicciones, podemos citar algunos casos que hemos experimentado nosotros mismos. El señor L., un conferenciante popular, muy conocido, no había estudiado nunca la astrología, pero se interesó por ella y ofreciéronse a enseñársela. Con objeto de dar mayor interés a su estudio se empleó como base su propio horóscopo, pues de esa manera podría comprobar las interpretaciones de su pasado y llegar así a una mejor comprensión del asunto que si se hubiera empleado el horóscopo de algún otro. En el curso de los cálculos se vio que Mr. L., estaba sujeto a frecuentes accidentes. Figuraban en los
cálculos, accidentes y sucesos en los días en que habían tenido lugar, lo que impresionó mucho a Mr. L.

Después se observó que el 21 de julio de 1906, tendría lugar otro accidente que afectaría la parte superior del pecho, los brazos, el cuello y la parte inferior de la cabeza y también
que ese accidente tendría lugar en el curso de un viaje corto. Se recomendó pues al señor L. que en Luna nueva que tendría lugar aquel día y que era el factor que produciría ese suceso, se quedara en su casa y también en el séptimo día después, siendo éste último aún más peligroso que el primero. Quedó tan impresionado que prometió hacerlo así .

Un poco antes del tiempo crítico escribimos al señor L. desde Seatle, para recordarle el asunto y contestó diciendo que lo recordaba muy bien y que tendría cuidado.
La próxima comunicación se obtuvo de un amigo de ambos, en la que decía que en el día crítico, 28 de julio, el señor L. había ido a Sierra Madre en un tranvía eléctrico y que al cruzar las vías del ferrocarril tuvo lugar un choque con un tren, quedando el señor L. herido en las partes indicadas por la predicción sufriendo además una lesión en un tendón que no había sido predicha.

Era muy difícil comprender, por supuesto, como el señor L. había descuidado la advertencia, habiendo quedado tan impresionado por la realidad del peligro predicho. La
contestación se obtuvo tres meses después, cuando aquél pudo escribirnos. Y decia: "yo creí que el 28 era el 29". Este es un caso muy claro de causación "madura" que no podía evitarse. En otros casos se ha prevenido contra accidentes a otras personas, las que siguiendo las instrucciones dada, escaparon a ellas, pero decían después: ¿cree usted realmente que hubiera yo salido herido si no hubiera seguido mis consejos? ¡Ahí
está la dificultad! La gente no cree en ello hasta que la experiencia los golpea, como al señor L. este escribía: "Esos accidentes me han dado un respeto muy profundo por la
astrología". Pero, ¿es ese el único medio que tenemos de aprender? Si es así, tanto peor.

Es una verdad el decir que "ningún hombre vive para sí mismo". Todos nos afectamos unos a otros. Y esto se ve también en el horóscopo. La muerte de los padres puede verse
particularmente en el propio horóscopo, pues aquéllos fueron la fuente del cuerpo en que vivimos, y muy a menudo, cuando no se conoce la hora del nacimiento, un buen astrólogo puede encontrarla deduciéndola de los principales acontecimientos de la vida, especialmente si se le indica el tiempo en que murieron el padre y la madre. El marido y la esposa están también tan ligados que los grandes acontecimientos de la vida del uno
se ven en el horóscopo del otro. Tuvimos noticia de un caso hace algunos años, en el que previno a la señora F. contra el peligro de ruptura de relaciones entre ella y, el señor F.

Se le dijo a la primera que un viaje que iba a hacer quedaría suspendido así como su posición social, pues eran gente de sociedad. La señora confesó que en efecto había proyectado un viaje a Europa, pero rechazó la idea de abandonarlo y, preguntaba si el señor F. estaba en peligro de muerte. La contestación fue: ¡Peor que eso! Pero como era un asunto delicado y ella era una extraña, no se podía decir más, salvo que el desastre tendría lugar en el mes de noviembre. El catorce de ese mes su marido fue sentenciado a cinco años de penitenciaría por haber violado criminalmente a una jovencita. El viaje fue
suspendido, por supuesto, y el ostracismo social se hizo sentir inmediatamente. Este caso demuestra particularmente la delicada posición del astrólogo. Aun. que el pueda ver
y desear ayudar, los convencionalismos le impiden decir lo que prevee. En el caso mencionado ello es evidente. Anhelando impedir el sufrimiento no le fue posible prevenirlo. Por lo tanto, abogamos porque todos estudien Astrología. Ni aún el mejor
astrólogo, que al fin al cabo no es más que un extraño, puede mirar tan bien las vidas de los que están cerca de nosotros y de los seres queridos, como nosotros que conocemos mucho de su carácter y los convencionalismos no nos obstaculizarán tanto como a un extraño. Además, comprar un horóscopo no puede nunca engendrar en nosotros la simpatía por los demás que nos produciría el conocimiento personal de la astrología. En
una visita a Columbus, Ohío. Se le mostró al autor un horóscopo de un muchacho, hecho por su tía. Se notó en seguida que el muchacho iba a atravesar una crisis que duraría
seis años., Durante ese intervalo muchas cosas, malas saldrían. A la superficie y todo dependía del tratamiento que se le diera a aquél en su casa, y ¡pobre muchacho! la ignorancia de las causas ocultas gobernaba la actitud de sus padres. En vez de
tolerancia, amor y simpatía, no obtenía más que sermones y castigo. ¿Cómo podía esperarse que fuera bueno? Una gran simpatía fluyó del autor al comprender lo que el pobre muchacho debería sufrir, y cuando el horóscopo de su hermana más joven le reveló el hecho de que a los 14 ella sufriría una crisis análoga, sintió la necesidad de enviar un aviso urgente a sus padres, aconsejándoles tuvieran piedad y cuidaran
cariñosamente a esa hija durante los pocos años que transcurrirían antes del comienzo de la crisis, para que su hogar le fuera tan grato y querido que todos los amigos, compañeros y otros lugares le parecieran áridos en  omparación . Únicamente de esa manera podría salvarse, la niña, y el autor deseó mucho que los padres hubieran seguido
sus consejos.

Esos misterios, los niños, los tenemos alrededor y entre nosotros De la manera cómo resolvamos su enigma será el fruto que recojamos de nuestra protección. El hacer un horóscopo ordinario para leer el carácter no está más allá del intelecto corriente.

El carácter es el destino, y si conocemos el carácter de un niño podemos adquirir para nosotros mismos grandes tesoros en el cielo, fortaleciendo sus buenas tendencias y ayudándolo con el ejemplo y con el precepto a evitar el mal. Uno de los mejores usos de la astrología es, en opinión del autor, determinar el carácter de los niños y educarlos en forma tal que se vigoricen sus puntos débiles y se amortigüen las tendencias hacia el mal.
En la lectura del carácter la astrología se interepreta correctamente en el noventa y medio por ciento de los casos por los astrólogos más experimentados, y ningún padre puede
beneficiar más a un hijo suyo que obteniendo su horóscopo, salvo que pueda o quiera aprender a hacerlos él mismo. En caso contrario, se puede pedir a un amigo que entienda
astrología, que haga un horóscopo para el niño.

Si bien la astrología es una ciencia absolutamente cierta, debe tenerse en cuenta que el astrólogo es un hombre y por lo tanto falible. Aunque un astrólogo concienzudo, habilísimo para combinar las influencias estelares pueda dar horóscopos correctos, puede, no obstante, encontrarse con su Waterloo cuando menos lo piense. El autor dijo solamente una vez que una predicción que hizo no fracasaría, y esa vez fracasó. Había
una escapatoria que después se vio, pero los aspectos eran tan fuertes que parecía imposible que el suceso previsto pudiera fracasar. Ese suceso casi sucedió, pero quedó frustrado en el momento crítico, demostrando así el poder de la cláusula que advertía una posible escapatoria.

El que las predicciones fracasen a veces es debido a un factor que el astrólogo no puede tomar en consideración: el libre albedrío humano. Mientras los hombres se dejen arrastrar
por el tiempo y por las olas de la vida, llevados de aquí para allá por el viento de las circunstancias, la tarea de conjeturar es fácil, y un astrólogo competente y cuidadoso puede predecir correctamente para la gran mayoría, pues el horóscopo muestra las tendencias, y aparte de todo esfuerzo individual la humanidad sigue esas tendencias sin resistencia. Pero cuanto más desarrollado está el hombre tanto más fácil es que el
astrólogo se equivoque, pues éste sólo puede ver las propensiones: la voluntad humana es un factor que no puede calcular por estar más allá de su poder. En la naturaleza de las
cosas debe haber ese elemento de incertidumbre. Si las condiciones fueran tan rígidas e inflexibles que no hubiera error posible, ello mostraría que un destino inexorable
gobernaba la vida humana, y de nada serviría el menor esfuerzo para cambiar tales condiciones, pero el hecho de que las predicciones fracasen algunas veces es una
esperanza, pues demuestra que disponemos de algún libre albedrío.
Hay una clase de predicciones en las que la astrología es quizás infalible y de gran utilidad: la de determinar la afinidad entre las personas, de manera que en vez de ser el matrimonio una suerte de lotería o del azar puede determinarse con anterioridad la dicha o el infortunio que resultará de tal unión. Con seguridad no habría necesidad de
divorciarse si un astrólogo competente hubiera recomendado esa unión. En las
Instrucciones anteriores hemos visto que la vida humana está gobernada por una gran ley
de Naturaleza: la Ley de Consecuencia o Causación; que todos nuestros actos son
causas que producen inevitables efectos, con tanta seguridad como que la piedra
arrojada al aire volverá a caer de nuevo sobre la tierra. Bajo esa Gran Ley tornamos a
encontramos una y otra vez con amigos y enemigos, y parece imposible que podamos
establecer la más estrecha de todas las relaciones, el matrimonio, con un extraño.

El autor sabe que cuando alguien pide un horóscopo sobre su matrimonio, si las predicciones son favorables, invariablemente llevan a cabo la ceremonia, porque está de acuerdo con sus deseos, pero cuando el astrólogo se ve obligado a predecir un desastre, también invariablemente el interesado dice que "aquél no sabe tanto como él cree", y o bien contrae matrimonio como quiere, o bien consulta a otro que le conteste en la forma en que él desea.
El mejor de todos los empleos que pueden dársele a la astrología es el tratamiento de enfermos, y este es el único empleo que el autor da ahora a la astrología. Hemos hablado
de la Ley de Consecuencia, que produce a su debido tiempo los resultados de los actos pasados, sean de esta o de otras vidas. Las estrellas son el Reloj del Destino, por decirlo así; los doce signos del Zodiaco corresponden a la esfera del reloj; el Sol y los planetas con sus lentos movimientos indican el año en el que determinado suceso se producirá, mientras que la Luna, animada de rápido movimiento nos indicará el mes.
Hay cierta clase de personas que se encuentran. particularmente bajo la influencia de la Luna: los lunáticos. En sus vidas sienten especialmente todos los cambios de la Luna y
los astrólogos no sólo pueden predecir el día sino hasta la hora en la que tendrán lugar las crisis. Un caso experimentado por el autor ilustrará el punto.
La esposa de un amigo se enfermó mentalmente y se le puso al cuidado de dos enfermeras. Se le previno acerca de las crisis en los diferentes períodos y las precauciones tomadas al efecto impidieron perturbaciones serias. El marido de la señora
estaba siempre cerca para ayudar a las enfermeras para poner a aquélla la camisa de fuerza. Cierta vez se le previno que una crisis ocurriría a las dos de la noche siguiente. El caballero se quedó pues en el mismo cuarto que la paciente. Él estaba acostado en el lecho, completamente vestido, mientras que su señora estaba sentada en su cama hablando durante las primeras horas de la noche, demostrando tanta lucidez y pidiendo que le aflojaran las correas de la camisa de fuerza que el marido se vio impelido a acceder a sus deseos, y un momento después la esposa se libraba de las correas que sujetaban sus miembros inferiores.

A eso de las dos de la madrugada ella se levantó y anduvo por la habitación como buscando algo, mientras seguía hablando serena y racionalmente, pero el señor * ** tuvo
la intuición de que estaba buscando un cuchillo, así que se levantó también para observarla pero apenas lo hizo, ella se echó sobre él, cayendo entonces un cuchillo al suelo. Se necesitaron los esfuerzos combinados del marido y de las dos enfermeras para volverle a poner la camisa de fuerza.

Pocos días después el señor *** descubrió que sus pantalones estaban atravesados por dos partes, como por dos cortes del cuchillo. El ataque ocurrió a la, misma hora predicha.
Cuando alguien se enferma las crisis se ven en el horóscopo y por su intermedio puede verse el desarrollo de la enfermedad, de manera que en esa forma puedan aprovecharse
los momentos propicios. Entonces los remedios curativos tendrán un efecto mucho mayor, y si el médico no puede hacer muchos progresos debido a las condiciones planetarias adversas, puede por lo menos tener esperanza y decir cuando se producirán los cambios.

Tal caso ocurrió en Duluth, cuando se pidió al autor que asistiera, a una señora, que sufría de envenenamiento de la sangre. Los doctores la habían ya desahuciado. Al hacer
su horóscopo sé vio que siete años atrás había sufrido una crisis análoga, y que otra tendría lugar pocos días después, cuando la Luna nueva agravara la condición.
La señora sufría grandes angustias, y toda su familia estaba en torno de ella. Esta se estaba ya despidiendo de sus seres queridos, pues esperaba morirse. Tan pronto como la Luna se obscureció comenzó a dejar de sufrir y veinte minutos después la paciente estaba reposando en calma y sin dolores. En dos días el veneno bajó del abdomen a las rodillas; pero entonces la Luna nueva detuvo el progreso, y al tercer día comenzaron de
nuevo los dolores en los miembros inferiores. Lucháse contra la enfermedad durante tres días, y si bien se conseguía aplacar el dolor durante el tratamiento, volvía a comenzar una o dos horas después. Todo quedaba como antes. Hízose pues bien claro que el alivio no era posible hasta que la Luna llegase a su fase de Luna llena. Se le dijo así a la enferma, añadiendo que al llegar aquélla la enfermedad cedería a los tratamientos ya dados y que el dolor cesaría. El día designado la señora se levantó por la mañana y pudo poner sus pies en el suelo, con facilidad. La enfermedad estaba curada.
Un médico cirujano de Portland, Oregón, decía a sus relaciones que la experiencia le enseñaba a ejecutar todas las operaciones, siempre que fuera posible, en la Luna creciente, porque entonces la vitalidad era mayor y las heridas se curaban con más rapidez que cuando la Luna estaba decreciendo.

Para el ocultista los doce signos del Zodíaco son los vehículos visibles de las doce grandes Jerarquías Creadoras que ayudan al hombre a desarrollarse hasta su actual estado de propia conciencia, siendo el Sol el ropaje de la Inteligencia Espiritual más elevada manifestada en nuestro sistema actualmente. Los siete planetas: Urano, Saturno, Júpiter, Marte, la Tierra, Venus y Mercurio son los cuerpos de los siete grandes Ángeles Estelares, de quienes oímos hablar en todas las religiones como de los siete Espíritus ante el Trono, de los Siete Arcángeles de los mahometanos, los siete Rishis de los hindúes, los siete Amshaspands de los persas, etc. Aquéllos actúan de acuerdo con la Ley de Consecuencia y son los ministros de Nuestro Señor, el Dios Solar, teniendo cada uno cuidado de una parte definida de la Voluntad de Dios.

De ellos surgimos nosotros como Espíritus en siete "rayos" y uno de ellos es nuestro "Astro-Padre", subsistiendo así durante todas nuestras vidas. Este hecho no impide que nazcamos en diversos momentos y bajo muchas estrellas, para que podamos adquirir variadas experiencias, y nuestro horóscopo mostrará cual es la estrella "reguladora" particular de esta vida, pero nunca conocemos a nuestro Astro-Padre hasta la última
iniciación. De este hecho viene la hermosa doctrina de las "almas gemelas", que no debe confundirse con la grosera y bestial enseñanza que ha servido de excusa para abominables prácticas adulterinas. Pero todos los que han emanado del mismo astropadre son hermanos, almas gemelas, en todas sus vidas terrestres, y ninguna puede entrar en una escuela de ocultismo que no sea la que esté compuesta por nuestros
hermanos del mismo rayo o ángel estelar de quien hemos sido emanados. Esto es lo que Cristo Jesús quería significar cuando decía a sus discípulos: "Vuestro Padre y mi Padre",
por lo que debemos comprender que Jesús y sus discípulos eran almas gemelas emanadas del mismo rayo. A los fariseos les atribuye un origen distinto, llamándolos los hijos del mal, de Saturno o Satanás, pero no debe suponerse que Saturno sea malo.
Tiene su buena misión que llenar, como cualquier otro de los ministros de Dios; él es la influencia subyugante que produce el dolor para poner un dique a nuestra arrogancia; el
tentador que nos muestra nuestras imperfecciones para purgarnos del mal y hacernos perfectos y virtuosos; y sus virtudes son muy grandes: castidad y justicia, una rectitud
inflexible, si bien carecen de la compasión y del amor que viene del hermoso planeta Venus. De ella (Venus) viene también la música y el arte que sirven para volvernos hacia
la naturaleza superior de las cosas. Júpiter es la luminaria que nos inspira elevados pensamientos de devoción a Dios y nos da aspiraciones altruistas. Marte es quien nos suministra la energía necesaria para efectuar nuestro trabajo en la viña de la vida. Si no fuera por su influencia el hombre no tendría vigor. En sus malos aspectos origina pasiones, guerras y luchas, pero eso es debido a que mal empleamos las energías que él
nos da, y de la misma manera Venus daría sensualidad y Júpiter indolencia; pero cuando permitimos que sus buenas influencias puedan ser tergiversadas por nuestra naturaleza
inferior, Saturno viene y nos somete a las ardientes pruebas de las penas y tribulaciones, para volvernos a poner de nuevo en el sendero del progreso y de la pureza.
Mercurio, el mensajero de los Dioses, es la fuente de Sabiduría de la que la mente humana obtiene su tono. Es el más pequeño de todos los planetas pero es el reino del Angel Estelar que tiene la misión más importante respecto a la raza humana. De su posición y configuraciones en el horóscopo depende que la vida que empieza sea una vida de devoción al Yo superior o una vida entregada a las pasiones inferiores, porque la mente es el eslabón entre la naturaleza superior y la inferior, y si está situada en tal forma que se cuida más de los placeres de los sentidos que de las alegrías del alma, el fin será muy triste. Sin embargo, debe siempre recordarse que ningún hombre se ve compelido al mal, y que cuanto mayor es la tentación tanto mayor será la recompensa que se obtenga si se sabe uno sobreponer a sus pasiones o a las tendencias que indica su horóscopo.

Porque siempre debe recordarse que si bien los astros impelen, no pueden en manera alguna compeler. En último análisis nosotros somos dueños de nuestros destinos, y a pesar de todas las malas influencias está en nuestro poder el dominar a nuestra estrella por medio de la Voluntad, el báculo de nuestra divinidad ante el cual todo debe inclinarse.

Como Ella Wheeler Wilcox ha dicho:
One ship sails east and another west (1)
With the self same winds that blow,
`Tis the set of the sail and not the gale,
Which determines the way they go.
As the winds of the sea are the ways of fate,
As we voyage along through life,
`Tis the act of the son¡ that determines the goal
And not the calm or the strife.


(1) Un barco va rumbo al Este, otro rumbo al Oeste, aunque sople el mismo viento. Es el timón del marino
y no el ventarrón el que determinan el rumbo.
Como los vientos del mar son los designios del destino, conforme Viajamos por la vida. Es el acto del
alma el que determina la meta y no la calma o la lucha.

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

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