jueves, 25 de febrero de 2010

EL NACIMIENTO COMO CUÁDRUPLE SUCESO

INSTRUCCIÓN VII

EL NACIMIENTO COMO CUÁDRUPLE SUCESO


Cuando dejamos al Ego en su peregrinaje a través de los mundos invisibles, habíamos
llegado al punto en el que entraba en el Tercer Cielo después de haber abandonado el
cuerpo denso al morir, el cuerpo vital poco más tarde, el cuerpo de deseos al dejar el
Purgatorio y el Primer Cielo, y finalmente la mente al abandonar el segundo cielo,
entrando entonces en el Tercer Cielo absolutamente libre de todo obstáculo. Todos los
vehículos abandonados se disgregan, persistiendo únicamente el Espíritu, que
permanece durante algún tiempo en el gran acumulador de fuerza espiritual que
llamamos el Tercer Cielo, para fortificarse para su nueva vida terrestre.
Sir Edwin Arnold expresa esta idea hermosísimamente en su Song Celestial, donde dice:

Never the Spirit was born (*)
The Spirit shall cease to be never:
Never was time it was not,
End and beginning are dreams;
Birthless and deathless the Spirit remaineth forever
Death has not touched it at all,
Dead though the house of it seems.
Nay but as one layeth
His worn-out robe away,

(*) El Espíritu nunca ha nacido ni cesará de ser jamás. En tiempo alguno ha dejado de ser. Principio y fin no
son más que ensoñaciones. El Espiritu ha permanecido siempre libre de todo nacimiento o muerte; ésta en
nada lo afecta. Así como uno se saca un vestido viejo y toma otro nuevo diciendo: hoy usaré éste, así
también deja el espíritu su ropaje de carne y va en busca de otro nuevo.

And taking another sayeth:
This will 1 wear today,
So putteth by the Spirit
Lightly its garment of flesh;
And passeth on to inherit
A residence afresh.

La Ley de Consecuencia determina nuestra existencia después de la muerte de acuerdo
con la vida que hayamos vivido aquí. Si en la vida terrestre éramos muy dados a los
deseos y pasiones inferiores nuestra existencia en el Purgatorio será la parte más vivida
de nuestro estado postmortem siendo nuestra existencia en los cielos casi insípida. Pero
si en cambio vivimos en las emociones superiores, nuestra vida en el Primer Cielo será la
más rica de nuestros diferentes estados. Si nos gustaba planear mejoras y nuestra
mente era muy constructiva en la vida terrestre, entonces sacaremos grandes beneficios
de nuestra permanencia en el Segundo Cielo, donde el pensamiento concreto es la base
de las cosas concretas de la Tierra, pero con objeto de tener una existencia consciente
en el Tercer Cielo es necesario que hayamos dedicado algún tiempo al pensamiento
abstracto que no tiene relación alguna con el tiempo ni con el espacio.
La mayoría de nosotros es incapaz de pensar abstractamente y por lo tanto no tendremos
percepción interna en el Tercer Cielo. Si pensamos en el "Amor" lo asociamos con alguna
persona. Nos desagradan las matemáticas porque son secas, áridas y abstractas. La
afirmación de que dos y dos son cuatro no producen la menor emoción, pero es un hecho
inestimable, porque cuando nos elevamos sobre el sentimiento dejamos las trabas detrás
y la verdad se nos hace aparente enseguida. Nadie diría que dos por dos son cinco, ni
nadie discutiría sobre la proposición de que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la
suma de los cuadrados de los catetos. Esta es la razón del porque Pitágoras y otros
instructores ocultistas exigían que sus discípulos tuvieran conocimiento de las
matemáticas antes de darles sus instrucciones. Una mente empleada en las matemáticas
está ejercitada en el pensamiento lógico y consecuente, y es por lo tanto capaz de
entresacar la verdad del error; únicamente a tal mentalidad se le pueden dar con
seguridad prácticas ocultistas.
La gran mayoría no ha pasado aún el estado en el que se desarrollan a lo largo de
"líneas prácticas", y para ellos el Tercer Cielo es simplemente una sala de espera, donde
permanecen inconscientes, como en el sueño, hasta que llega la hora de renacer. El
hombre, por ejemplo, que ha vivido una vida grosera dedicada a la gratificación de sus
sentidos, que ha sido malignamente destructivo, tendrá una estada dolorosísima en el
Purgatorio, porque ha sido muy malo. Y pasará rápida e inconscientemente por el Primer
Cielo, puesto que no ha hecho bien alguno. Su destructividad hará su vida en el Segundo
Cielo casi inconsciente y no puede tener absolutamente la menor permanencia en el
Tercer Cielo, donde los Egos avanzados desarrollan ideas originales que más tarde se
manifiestan como genios en la vida terrestre. De ahí que un Ego tan atrasado
permanecerá dormido hasta el momento en que el nuevo nacimiento lo despierte para
asistir otro día al Colegio de la Vida, donde podrá aprovecharse otra oportunidad de
mejoramiento.
Muy a menudo se oye decir a las personas que oyen por vez primera hablar de esta
doctrina: "Oh, pero si yo no quiero volver..." Este es el grito del cuerpo abrumado y
fatigado, la consecuencia de una vida difícil; pero tan pronto como las experiencias de
esa vida han sido asimiladas en el cielo, la Ley de Consecuencia y el deseo de más
conocimientos atraen al Ego hacia la Tierra, como un imán atrae a una aguja, y entonces
aquél comienza a contemplar su reencarnación.
Ahora también la Ley de Consecuencia es el factor determinante y el nuevo nacimiento
está acondicionado según nuestras vidas pasadas. Habiendo vivido muchas veces es
evidente, por su puesto, que nos hemos encontrado con muchas y diversas personas y
que hemos establecido varias relaciones con ellas, afectándolas bien o mal, habiendo
sido nosotros también afectados por ellas y con muchas tenemos aún deudas pendientes
que no han sido pagadas por una causa u otra.
La invariabilidad de la Ley requiere que esas causas encuentren su consumación en
algún tiempo, así que los Ángeles del Destino que son las Grandes Inteligencias que
tienen a su cargo el ajuste de cuentas, estudian el pasado de cada hombre, cuando está
pronto para renacer y encuentran qué amigos o enemigos están viviendo en ese
entonces y donde están. Como que hemos hecho un número enorme de relaciones en
nuestro pasado, generalmente encuentran diversos grupos de tales personas que están
viviendo en la Tierra y si no existen razones especiales que obliguen a elegir a uno de
ellos, los Ángeles del Destino permiten al Ego la elección de las oportunidades que se
ofrecen. Seleccionan en cada caso la cantidad de causación madura que el Ego puede
trabajar y le muestran en una serie de cuadros lo que le sucederá, en cada una de las
vidas propuestas, para que entonces el Ego pueda elegir. Esos panoramas se desarrollan
desde el nacimiento hasta la tumba, y sólo dan la vida en líneas generales, dejando
margen al Ego para que llene los detalles según su libre voluntad.
Vemos, pues, que el Ego tiene cierta libertad en cuanto al lugar de su renacimiento y
puede decirse por consiguiente que en la mayoría de los casos estamos donde estamos
porque así lo hemos elegido; no importe que no lo sepamos cerebralmente; el Ego al
nacer es todavía débil y no puede atravesar libremente el velo de la carne; está aún
demasiado dependiente de su personalidad inferior para ayudarla a crecer y cuanto más
nos determinemos en nuestra mente cerebral a vivir para el yo superior tanto más nos
aproximarenos al día en el que brillará la luz del Ego y lo conoceremos todo.
Cuando el Ego ha hecho su elección se encuentra limitado por ella y obligado a pagar las
deudas contraídas en las vidas anteriores, deudas que están ya maduras para liquidarse.
Eso es pues lo que forma el destino, o sean las condiciones fáciles o difíciles de la vida,
lo que ya no puede cambiarse absolutamente. Cualquier tentativa para hacerlo quedaría
frustrada, pero no se caiga jamás en la ilusión de creer que el propio destino lo impulso a
uno a hacer las cosas mal en alguno tiempo. La Ley, trabaja únicamente para el bien, y
como hemos visto, el mal hecho en cualquier vida es lo primero que se purga después de
la muerte, únicamente subsiste la tendencia a seguir haciendo ese mal particular,
subsistiendo también el sentimiento de adversión generado por el sufrimiento
experimentado en el proceso de purificación. Cuando la tentación de cometer una mala
acción similar venga en una vida posterior, ese sentimiento del pasado dolor que
llamamos conciencia, nos prevendrá y alejará de caer en la tentación. Si caemos, a pesar
de esa voz que nos previene el sufrimiento que experimentaremos en el Purgatorio
vigorizará al sentimiento que ya teníamos hasta que nuestra conciencia desarrolle la
estabilidad necesaria para asistir a ese mal particular, y desde ese momento toda
tentación cesará.
Vemos pues que ningún hombre está destinado siempre a cometer errores y que por lo
menos cada mala acción es un acto voluntario cometido a pesar de la resistencia de la
conciencia ya desarrollada respecto a ese error en particular.
Habiéndose pues decidido la cuestión respecto al renacimiento, el Ego desciende
primeramente a la Región del Pensamiento Concreto, y empieza a atraer hacia sí los
materiales necesarios para la nueva mente.
Como dijimos anteriormente, el hombre se retira de sus diversos cuerpos en el transcurso
de su carrera post-mortem, y esos cuerpos se disgregan, pero de cada uno de ellos se
salva un átomo, incluso de la mente, y estos llamados "átomos-simiente" forman el núcleo
de las nuevas vestiduras con las que aparecerá el espíritu en la próxima vida.
Cuando el Ego desciende a la Región del Pensamiento Concreto las fuerzas latentes en
el átomo-simiente de la mente de sus vidas anteriores se pone en actividad y comienza a
atraer materiales para una mente nueva, así como el imán atrae las limaduras de hierro
por sus polos. Si pasamos un imán sobre una vasija llena de limaduras de latón, hierro,
oro, estáño, plata, etc., veremos que sólo atrae las limaduras de hierro y eso únicamente
en determinada cantidad de acuerdo con su poder. Su poder atractivo está limitado a
cierta cantidad de una clase determinada. Y así sucede con el átomo-simiente, sólo
puede atraer de cada región los materiales por los que tenga afinidad y únicamente en
cantidad definida. Este material toma entonces la forma de una gran campana, abierta
por la parte inferior y con el átomo-simiente en el tope.
Puede compararse a una campana de buzo hundiéndose. Los materiales sacados de
cada dominio y agrupados en la campana aumentan su peso de manera que la hacen
hundirse más y más hasta que se llega al fondo.
De esta suerte el Ego se sumerge en la Región del Pensamiento Concreto y en el pasaje
el átomo-simiente va juntando los materiales para la nueva mente.
El descenso continúa. El Ego, encerrado en su vestido en forma de campana, se
sumerge en el Mundo del Deseo; entonces se despiertan las fuerzas del átomo-simiente
de su anterior cuerpo de deseos y se coloca en al parte interior de la campana cerca del
tope. Desde allí atrae hacia así los materiales en la cantidad y calidad requerida para la
vuelta del Ego con un nuevo cuerpo de deseos apropiado a sus necesidades particulares,
así que cuando alcanza la Región más densa del Mundo del Deseo la campana tiene dos
capas, la de materia mental al exterior y la de materia de deseos al interior.
Al seguir el descenso el Espíritu entra en la Región Etérica, donde se juntan los
materiales para el nuevo cuerpo vital y con una parte de ese material los agentes de los
Ángeles del Destino hacen un molde o patrón, que se coloca en la matriz de la madre,
para que dé forma apropiada al cuerpo denso, en tanto que el átomo-simiente se coloca
en el semen del padre. Sin la presencia de ambos factores ninguna unión sexual daría
resultados, y cuando un matrimonio es estéril, aunque ambos cónyuges gocen de plena
salud y deseen tener hijos, eso significa simplemente que ningún Ego se siente atraído
por ellos.
Tan pronto como se ha colocado el cuerpo vital del Ego, envuelto en su cubierta
acampanada, flota constantemente cerca de su futura madre. Ésta hace únicamente el
trabajo sobre el nuevo cuerpo de deseos en los primeros diez y ocho o veintiún días
después de la fertilización, y entonces el Ego entra en el cuerpo de la madre y la
campana cubre entonces al feto, cerrándose la abertura de la parte inferior. El Ego se
encuentra, pues, una vez más encarcelado en su casa-prisión del cuerpo denso.
El momento de entrar en la matriz es uno de los de mayor importancia en la vida, porque
cuando el Ego se pone en contacto, por vez primera con el mencionado modelo del
cuerpo vital ve nuevamente el panorama de su vida venidera, que ha sido impreso en ese
modelo por los Ángeles del Destino con objeto de darle las tendencias requeridas para
liquidar la causación madura en la vida que va a empezar.
Pero entonces el Ego está ya tan cegado por el velo de la materia que no puede
reconocer más el buen fin que se persigue con tanta claridad como cuando hizo su
elección en la Región del Pensamiento Abstracto y, a veces, cuando se le revela una vida
particularmente dura y difícil el Ego, ante esa visión en el momento de entrar en la matriz
de la madre, queda tan aterrorizado que trata de escaparse. Sin embargo, ya no puede
cortar la conexión pero puede torcerla, así que en lugar de estar el cuerpo vital
concéntrico con el cuerpo denso, puede quedar la cabeza vital sobre la del cuerpo denso.
Entonces se produce un idiota congénito.
Aún bajo las condiciones más favorables es una gran violencia para el Ego el entrar en la
matriz, y los padres deberían evitar el hacerle ésto más desagradable de lo necesario;
nunca podemos tener suficiente cuidado; las relaciones tirantes entre los padres en los
períodos críticos de la gestación, especialmente al principio, puede algunas veces
producir el caso mencionado en último lugar.
Antes del acontecimiento que llamamos nacimiento el hombre naciente queda encerrado
en otro cuerpo (el de la madre), quedando así incapaz de ponerse en contacto directo con
el mundo de los sentidos. Esta reclusión es necesaria para desarrollar el organismo hasta
el debido grado de madurez para que quede en aptitud de recibir esas impresiones por sí
mismo. Cuando se alcanza ese punto la cubierta protectora de la matriz se abre y el
nuevo ser humano entra en la arena del Mundo.
Como hemos visto, el hombre es mucho más que un mero cuerpo denso, y no debe
creerse que todos sus vehículos se encuentran en igual grado de madurez cuando nace
en el Mundo Físico. En realidad no lo están; el cuerpo vital crece y madura dentro de su
cubierta de éter hasta el séptimo año al cambiar los dientes. El cuerpo de deseos
necesita se lo proteja contra las tempestades del Mundo del Deseo hasta los catorce
años, que es cuando nace; a esto se le llama pubertad; y la mente no está
suficientemente madura como para desprenderse de su cubierta protectora hasta que el
hombre alcanza su mayoría de edad, más o menos a los veintiún años. Estos períodos
son sólo aproximadamente correctos, porque cada persona difiere de todas las demás
respecto a estos períodos, los intervalos indicados son suficientemente aproximados.
La razón de este lento desarrollo de los vehículos superiores es debido al hecho de que
son adiciones comparativamente recientes en la economía del Ego, mientras que el
cuerpo denso ha tenido una evolución mucho más larga y es por consiguiente el
instrumento más perfecto y valioso que tenemos. Algunas personas que tienen
conocimiento por vez primera de la existencia de los vehículos superiores están
constantemente hablando y pensando en lo lindo que sería volar en el cuerpo de deseos
dejando el físico ,"vil" y "bajo", lo que demuestra que aún no han aprendido a apreciar la
diferencia entre "más elevado" y "perfecto". El cuerpo denso es una maravilla de
perfección, con su esqueleto fuertemente articulado, sus delicados órganos de los
sentidos y su coordinante mecanismo nervioso y cerebral que lo hace superior a cualquier
otro mecanismo del Mundo. Mirado en detalle, tomemos por ejemplo el hueso largo del
muslo, el fémur, y examinemos su extremidad. Si lo cortamos veremos que únicamente
una capa finísima está hecha de hueso compacto. Está atravesado por fibras
entrecruzadas de hueso esponjoso, que lo hace prodigiosamente fuerte, unido a una
ligereza notable, cosa que no podría construir el más experimentado arquitecto o
ingeniero, pues está más allá de todo cálculo.
Por lo tanto, aunque comprendamos que algún día del distante futuro nuestros vehículos
superiores alcanzarán una perfección mayor que la de nuestro cuerpo denso, debemos
recordar que actualmente están más o menos inorganizados y son de poco valor cuando
están desprendidos del cuerpo físico perfecto, y en todas las cosas deberíamos dar
gracias a los exaltados Seres que nos ayudado a desarrollar este espléndido instrumento
con el que estamos funcionando en el mundo como seres humanos conscientes de sí
mismos y siguiendo nuestro destino vida tras vida, haciéndonos da vez más semejantes
a nuestro Padre que está en los Cielos.
Vemos pues que el nacimiento es un suceso cuádruple, y con objeto de cumplir nuestros
deberes de educadores, es absolutamente necesario que conozcamos esto y los hechos
que lo siguen. No podemos sacar fácilmente al niño no-nacido de la matriz y exponerlo a
los choques del mundo externo: eso lo mataría. Y es igualmente peligroso romper las
matrices de los cuerpos invisibles y poner al niño aún no maduro a los choques del
mundo moral mental, y aunque tales cosas no siempre produzcan la muerte del cuerpo
denso invariablemente embotan su capacidad, porque toda perturbación de cualquier
cuerpo es en detrimento de los otros vehículos. Para educar al niño propiamente es por lo
tanto necesario tener un conocimiento de los efectos de la educación sobre los diferentes
vehículos y los métodos convenientes que deben emplearse, teniendo siempre en cuenta
que las reglas generales no siempre pueden aplicarse en casos individuales.
Hemos visto que cuando él Ego ha acabado su día en la escuela la vida la fuerza
centrífuga de Repulsión desprende de él cuerpo denso al morir, y más tarde al cuerpo
vital, que es el próximo más denso. Después, en el Purgatorio la materia de deseos más
densa acumulada por el Ego como encarnación de sus deseos inferiores queda purificada
por esa fuerza centrífuga. En los dominios superiores únicamente la fuerza de Atracción
es la que reina, conservando el bien mediante la acción centrípeta, que tiende a atraer lo
de la periferia al centro.
Esta fuerza centrípeta de Atracción es la que rige también cuando el Ego renace.
Sabemos que podemos arrojar una piedra a mayor distancia que una pluma. Por lo tanto
la materia más densa es arrojada hacia afuera por la fuerza de Repulsión, y por la misma
razón la materia más densa por medio de la cual el Ego encarna la tendencia hacia el mal
se absorbe hacia dentro, hacia el centro por la fuerza centrípeta de Atracción, siendo el
resultado que cuando nace el niño todo lo mejor y más puro aparece en el exterior. El
mal latente no se manifiesta generalmente hasta después de haber nacido el cuerpo de
deseos, alrededor de los catorce años, y entonces las corrientes de ese vehículo
comienzan a fluir hacia afuera por el hígado. Entonces es cuando el Ego comienza a
"vivir" su vida individual y muestra lo que está dentro.
Los astros son el Reloj del Destino; ellos determinan las tendencias ocultas, y si bien los
astrólogos son falibles al predecir los sucesos, un astrólogo bueno y cuidadoso podrá
revelar el carácter de una persona correctamente en el 99 por ciento de los casos. De
esta manera, los padres pueden obtener una guía segura sobre el aspecto oculto de la
naturaleza del niño. Pero es muy fácil hacer un horóscopo así que siempre es mejor para
los padres el aprender a hacerlo que el confiar en un extraño. Así adquirirán una
percepción mucho más profunda del carácter del niño.
Con el nacimiento físico el cuerpo denso comienza a sentir los choques del mundo
externo, que actúan sobre él así como las fuerzas del cuerpo de la madre actuaban en él
anteriormente. Lo que hicieron éstas durante la vida antenatal lo continúan haciendo los
impactos de los elementos durante toda la vida física. Desde los siete años o desde el
cambio de los dientes, empieza a obrar otra actividad, que es muy diferente de las
actividades de las subsiguientes épocas de la vida. Los órganos de los sentidos toman
ciertas formas definidas que les dan sus tendencias básicas estructurales y determinan
su línea de desarrollo en una u otra dirección.
Más tarde siguen creciendo, pero todo el crecimiento se efectúa siguiendo las líneas
marcadas en esos primeros siete años, y los errores o descuidos de oportunidades
durante este período nunca pueden restringirse en el futuro de esa misma vida. Si las
piernas y órganos han tomado la forma debida, todo el crecimiento posterior será
armonioso; pero si las deformaciones tienen lugar entonces, el pequeño cuerpo quedará
más o menos mal conformado. Es un deber del educador el proporcionar el apropiado
medio ambiente al niño en ese período, así como la Naturaleza se lo proporciona antes
de nacer, porque únicamente así puede dársele al sensible organismo la debida dirección
y la tendencia hacia el crecimiento.
Hay dos palabras mágicas que indican la forma como el niño se pone en contacto con las
influencias formativas de su ambiente. EJEMPLO e IMITACION. No hay bajo los cielos
ser alguno tan imitador como el niño, y en esa imitación encontramos la fuerza que puede
dar tendencias y dirección al pequeño organismo. Cualquier cosa que rodee al niño deja
en él una impresión para el bien o para el mal y deberíamos comprender que nuestra más
mínima acción puede perjudicarlo o beneficiarlo incalculablemente en su vida, y que
nunca debernos hacer nada en su presencia que no deseemos que imite.
De nada sirve enseñarle a pensar o a moralizar en el período; el ejemplo es el único
instructor que satisface las necesidades infantiles. No se puede impedir que el agua corra
por una pendiente. Aquél es el único método de crecimiento en esa época. La enseñanza
de moral y las razones vienen más tarde; aplicarlas en ese entonces es como sacar al
niño de la matriz prematuramente; todo cuanto el niño deba adquirir de pensamientos,
ideas e imaginación debe venir de él mismo de la misma manera que los ojos y oídos se
desarrollan antes de nacer el cuerpo denso.
Al niño deben dársele juguetes sobre los cuales pueda ejercitar su facultad imitativa, algo
con vida, o una muñeca articulada, de manera que se le pueda colocar en diferentes
posiciones, permitiendo que el niño la vista por si mismo; de esa manera ejercita su
fuerza formativa convenientemente. Dénsele herramientas y muestras, o moldes y yeso.
Nunca se le dé nada acabado, o en lo no tenga otra cosa que hacer más que mirar, pues
eso no da cerebro oportunidad alguna de desarrollo y debe siempre tenerse cuidado en
ese entonces de facilitar los medios necesarios para que los órganos físicos se
desarrollen armoniosamente.
Respecto al alimento debe tenerse mucho cuidado en ese período, porque el apetito
saludable o enfermizo del resto de su vida penderá de como se lo haya alimentado en
esa primera época septenaria. Aquí también él ejemplo es el gran maestro. Los manjares
sumamente condimentados y cocinados destruyen al organismo. Cuanto más sencillo es
el alimento y cuanto más sé le mastica, tanto más estimulará el apetito saludable que
guiará al mbre a través de su vida y le proporcionará la salud del cuerpo con la lucidez
mental que desconoce el glotón. No tengamos pues una clase de comidas para nosotros
y otra para nuestros niños.
En caso contrario podríamos impedirles comer ciertas cosas en casa, pero les
produciríamos al deseo de buscar satisfacción cuando sean suficientemente grandes
como para hacer su voluntad. La facultad imitadora se afirmaría entonces a sí misma.
Respecto a los vestidos, estemos siempre seguros de que las ropas del niño sean
suficientemente grandes, y reemplacémoslas tan pronto como se tornen pequeñas y
molesten. Muchas naturalezas inmorales que luego han destruido toda una vida han sido
despertadas por haber usado vestidos demasiado pequeños, especialmente cuando se
trata de muchachos. La inmoralidad es una de las peores y más tenaces plagas de
nuestra civilización. Para salvar a nuestros niños atendamos debidamente a este punto, y
tratemos en cualquier forma de mantenerlos inconscientes de sus órganos sexuales
antes de los siete años. Los castigos corporales son factores poderosísimos para excitar
la naturaleza sexual, y jamás deberían imponerse.
Respecto a la educación del carácter se verá que los colores son del mayor significado, y
el asunto implica no solamente el conocimiento del efecto de los colores, sino
particularmente el de los colores complementarios, porque estos últimos son los que
obran en el organismo del niño. Si tenemos que tratar con naturalezas ardientes,
inquietas, las ablandaremos y suavizaremos rodeándolas de rojo. Habitaciones, muebles
y vestidos rojos producirán en el niño el efecto refrescante del verde y calmará sus
nervios. El melancólico y letárgico se pondrá en actividad rodeándolo de azules o azules
verdosos, colores que crean en los órganos infantiles el calor activo del rojo o del naranja.
Los cuentos de niños de las nodrizas son de la mayor importancia en ese período. No
importa nada el sentido que tengan, lo que importa es su ritmo éste es de suprema
importancia pues construye los órganos tan armoniosamente como ningún otro medio
puede producir; por lo tanto éste y una atmósfera alegre son los más grandes de todos
los métodos educacionales, y servirán de mucho aún cuando falten los otros.
A los siete años el cuerpo vital del niño ha alcanzado la perfección suficiente como para
permitirle recibir el contacto del mundo externo. Entonces rompe su cubierta etérica
protectora y comienza su vida libre. Ahora llega pues el momento en el que el educador
debe trabajar sobre el cuerpo vital ayudándolo en la formación de la memoria, de la
conciencia, de los buenos hábitos y de un carácter o temperamento armónico.
AUTORIDAD y APRENDIZAJE son las palabras de pase de esta época, cuando el niño
está aprendiendo el significado de las cosas. En la primera época aprende a saber que
las cosas son pero no se le debe imponer de su significado, salvo que lo pregunte por sí
mismo, pero en la segunda época, desde los siete a los catorce años, es esencial que el
niño aprenda a conocer lo que significan, pero debe aprender a tomar esas cosas bajo la
autoridad de los padres o maestros, recordando de memoria sus explicaciones, más bien
que razonando sobre ellas, porque la razón pertenece a un desarrollo posterior, y si bien
puede hacerlo por propia iniciativa con provecho propio, es muy peligroso forzarlo en ese
período a pensar.
Con objeto de que el niño derive el beneficio apropiado de las enseñanzas de sus padres
o maestros, es necesario, por supuesto, que sienta la mayor veneración por ellos, que
admire su sabiduría, y que nosotros nos portemos convenientemente para que pueda
siempre retener el ejemplo, porque si ve en nosotros frivolidades, si escucha
conversaciones banales o ve mala conducta, lo privaremos de la mayor fuerza en su vida:
la fe y la confianza en los demás. En esta edad es cuando se forman los cínicos y los
escépticos. Somos responsables ante Dios de las vidas encomendadas a nuestro
cuidado y tendremos que responder ante la Ley de Consecuencia de nuestras
negligencias o de que por nuestra atolondrada conducta hayamos desaprovechado la
oportunidad de guiar los primeros pasos de un ser en el verdadero camino, porque el
ejemplo es mejor que el precepto.
De poco sirven los consejos. Mostremos al niño ejemplos vivientes de los efectos de la
virtud y del vicio, pintemos ante joven fantasía cuadros del borracho y del ladrón, y otro
del santo y del justo; esto afectará su cuerpo vital de tal manera que sentirá repulsión por
los unos y ardientes propósitos de imitar a los otros.
En este período debe instruirse al niño en el origen del ser, de manera que se encuentre
bien preparado para la tormenta de pasiones que hacen la adolescencia tan peligrosa;
esa enseñanza debe dársela describiéndosela mentalmente y tomando ejemplos la
Naturaleza, pero todo hecho en forma tal que el niño obtenga la mejor impresión acerca
de la santidad de esa función. Es un estricto deber del educador el iluminar al niño
convenientemente. No hacerlo así equivaldría a arrojarlo con una venda sobre los ojos en
medio de innumerables trampas, recomendándole que no se deje caer en ellas. Sáquese
la venda por lo menos; y todavía estará bastante cohibido sin ella.
Que el maestro tome una flor, que es el órgano generado de la planta. y que le enseñe
mediante ella, porque el que comprende el proceso de la generación en el vegetal lo
comprenderá también en el animal y en el hombre. No se cometa el error de dar al niño
muchos nombres para que los recuerde, como "estambres", "pistilos", "corolas", etc., de
las flores. Eso frustraría nuestro objeto, cansando al niño del estudio. Como si les
contara un cuento, el instructor ingenioso puede relatarles la historia de una flor de la
manera más interesante y entretenida, y puede poner como un halo de belleza y santidad
en torno del acto generador, lo que flotará sobre el niño durante toda su vida
protegiéndolo contra la tentación en la prueba cuando el fuego de las pasiones surja en
torno de él. Sabemos que los estambres y el polen son machos, que el pistilo y el óvulo
son hembras, así como que hay flores de un sólo género mientras que otras tienen
estambres y pistilos a la vez.
Sabemos también que las abejas tienen unas como canastitas para polen en sus patas y
llevan ese polen a los pistilos de otras flores. Allí aquél obra sobre el óvulo que entonces
se fertiliza y es capaz de convertirse en semillero de nuevas plantas y nuevas flores.
Con estos datos y algunas flores, juntemos los niños y hagámoles ver como las flores se
parecen a las familias. Algunas (las de estambres) son solo varones, mientras que otras
(las de pistilos) son mujeres, y algunas son a la vez varones y mujeres. Las flores
varones (el polen) son tan aventureras como los jóvenes humanos, que van por el
inmenso mundo en corceles alados (las abejas), como los caballeros de los antiguos
tiempos buscando las princesas encarceladas en sus mágicos castillos (el óvulo del
pistilo). El diminuto caballero de la flor baja de su dragón (la abeja) y empieza a buscar el
camino que lo conduzca a la cámara secreta donde se encuentra la princesa (el óvulo).
Entonces se casan y tienen muchos hijitos, pequeñas flores machos y hembras.
Esta narración puede variarse y ser embellecida por la fantasía del educador, pudiendo
complementarla con historia de aves y animales. Esto despertará en el niño la
comprensión de la génesis de su propio cuerpo lo que lo impondrá de la dulce historia de
papá y mamá relacionándola con el lindo relato de las flores, y así se evitará hasta el más
mínimo pensamiento de, odio relacionado con el nacimiento en la mente del niño.
El cuerpo de deseos nace a los catorce arios, en la pubertad. Entonces los sentimientos y
pasiones empiezan a ejercer su poder sobre el adolescente, porque la matriz que
protegía al cuerpo de deseos se ha roto. En la mayoría de los casos éste es un tiempo de
prueba, poco peligroso para el adolescente que ha aprendido a mirar a sus padres o
maestros con reverencia, porque entonces éstos le servirán de ancora de fortaleza contra
las acometidas de las sensaciones. Si se ha acostumbrado a aceptar las afirmaciones de
sus mayores con confianza y, ellos le han transmitido sabias enseñanzas, le desarrollará
un inherente sentido verdad que será una segura guía y únicamente en la justa medida
en que haya fallado, estará expuesto a ir a la deriva.
Ha llegado ya el tiempo de que investigue las cosas por sí mismo y de que se forme
opiniones individuales, y ahora es cuando debemos inculcarle la necesidad de investigar
cuidadosamente antes de juzgar nada, y de que cuanta más fluidez conserven sus
opiniones tanto más fácil le será examinar nuevos conocimientos. De esta manera
alcanzará su mayor edad a los 21 años, cuando la mente se liberta del todo, y podrá
llenar lugar en el mundo como ciudadano íntegro y recto, que acreditará a los que
cuidaron de él con amor en sus años de desarrollo convirtiéndolo en un hombre ecuánime
y enérgico.

***

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

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