jueves, 25 de febrero de 2010

LA FUERZA FUTURA - ¿VRIL o QUÉ?

INSTRUCCION XIX


LA FUERZA FUTURA - ¿VRIL o QUÉ?

Se ha escrito y hablado tanto sobre los mundos internos desde el punto de vista oculto, tanto se ha dicho que poseemos vehículos superiores, capaces de ser desarrollados para funcionar conscientemente en ellos, que es absolutamente necesario enaltecer el inmenso valor del cuerpo denso y del mundo visible al que nos correlaciona, para contrarrestar en lo posible el desprecio con que algunas personas miran el mundo en que vivimos.

Podemos asegurar tranquilamente que hay Grandes y Exaltadas Inteligencias en la evolución que ordenan todas las cosas con una sabiduría tan maravillosa que no descuida ningún factor, y tratemos de comprender el fin y objeto de nuestra actual existencia. Entonces veremos que todo está bien, que hay buenas y suficientes razones para que estemos colocados en la presente fase de existencia concreta, con las limitaciones inherentes a ella.

Vemos que en la actualidad el mundo occidental está atravesando una fase de desenvolvimiento material y muchos de entre nosotros que estamos preocupados con las cosas del espíritu nos ponemos a considerar las actividades del hombre ordinario con un sentimiento de "gracias, Dios mío, por ser yo más santo que los otros", sentimiento que es completamente gratuito.

La tan despreciada "persona ordinaria" nos mira por su parte con burlona sonrisa cuando le hablamos con gran familiaridad del cielo y del infierno, sin estar por cierto nada al corriente de los asuntos materiales. Nuestro primer y más importante deber es conocer algo del mundo material, practicar nuestros deberes aquí lo mejor que podamos, antes de ponernos a escudriñar las nubes. Para explicar este argumento podemos señalar a la India donde el pueblo sufre hambres terribles, siendo incapaz de trabajar, pensando en el "Nirvana" y olvidando sus condiciones del presente. La persona ordinaria nos dirá que contemplemos el atraso de esos orientales, atraso que ella atribuirá a su creencia en la doctrina de la reencarnación, que es lo que les inculca ese descuido por su actual fase de existencia.

Y entonces argüirá que el desarrollo espiritual, especialmente fuera de los métodos de las iglesias reconocidas, es perjudicial en alto grado, y tendrá plena razón en sus afirmaciones, si bien hay un punto de vista más profundo que trataremos más tarde.

Para desarrollarnos en forma sana y segura debemos tener positivamente una apreciación correcta de la misión de este mundo en el plan divino de desenvolvimiento que se llama evolución, y darnos cuenta completa de la parte que nos toque en la obra del mundo. Por otra parte puede decirse que el punto de vista oculto da una percepción más profunda y un margen más amplío de utilidad que la simple consideración superficial.
Examinaremos, por consiguiente el sendero de desarrollo del mundo material desde ambos puntos de vista.

Se indicó en la Instrucción II que todas las cosas de este mundo visible y material son imágenes mentales cristalizadas y se dio una ilustración de como, un arquitecto formaba una casa en su mente, sacando los planos de esa imagen mental, planos que luego aprovecharon los obreros para construir la casa materialmente. La imaginación de Graham Bell se cristalizó en el teléfono, la de Fulton en un vapor, etc. Pero por supuesto, esas ideas no eran perfectas desde el primer momento, siendo necesario un gran número de experiencias antes de que las invenciones mencionadas tuvieran la eficiencia necesaria para ser útiles en la vida.

Si nos imaginamos este mundo en que vivimos como un Mundo del Pensamiento, en el que pudiéramos formar imágenes similares a cuadros mentales, pero donde no fuera posible concretarlos en metal o en madera, ¿qué hubiera resultado en casos tales como el del teléfono o del vapor? El inventor habría creído su invención exacta, al no existir condiciones materiales que demostraran las imperfecciones de su pensamiento, y por consiguiente no habría aprendido a pensar correctamente.

La misión del mundo material, concreto, es hacer manifiestos nuestros errores.
Estamos desarrollando un poder enorme dentro de nosotros mismos y en el Mundo Físico tenemos la condición más ideal para desarrollar la habilidad requerida para poder usar aquel poder convenientemente. Sin esa habilidad, en los estados de materia sutiles produciríamos perjuicios inmensos. La que es la fuerza venidera lo veremos cuando
echemos una mirada retrospectiva sobre el pasado desenvolvimiento, lo que nos dará la verdadera medida de la perspectiva.

En los primeros albores de la existencia humana, el hombre actuó principalmente con los sólidos, sus primeros implementos fueron piedras afiladas, lo que es de dominio corriente.
Más tarde comenzó a obrar sobre los líquidos, viajando en su burda canoa por el agua, o empleando ésta para mover sus molinos. Más tarde aprendió a emplear los gases, el viento, como fuerza de propulsión para los barcos o para los molinos.

Ese fue un inmenso progreso; puso las partes más distantes del mundo en comunicación y ensanchó los conocimientos del hombre inconmensurablemente, pero aún los progresos obtenidos por el empleo de la fuerza del aire son insignificantes comparados con los obtenidos desde que se comenzó a emplear un gas más etérico: el vapor.
Este hizo girar las ruedas del progreso con una velocidad maravillosa. Pero todas las maravillas realizadas por el vapor son nada comparadas con los mil y un mejoramientos
de las comunicaciones y con los conocimientos adquiridos mediante la utilización de una fuerza aún más sutil: la electricidad, que circula por el globo llevando un mensaje en poquísimos segundos, muchos menos segundos que años se habrían requerido antes para hacer el mismo recorrido.

Vemos, pues, que el progreso humano se ha realizado por el empleo de fuerzas cada vez más sutiles y que cada vez que hemos aprendido a utilizar una energía más sutil que la
que antes empleábamos hemos hecho grandes progresos en la civilización.
Esta visión de las cosas no está encarnada en nuestras costumbres; generalmente asociamos la solidez con la fuerza como si fueran términos sinónimos, pero un poco de observación nos mostrará fácilmente la falacia de tal idea.

Las olas del mar que son fluidas, pueden aplastar las cuadernas de un buque en pocos momentos; torcer y retorcer las más fuertes planchas de acero como si fueran simples trozos de alambre. Los vientos pueden desquiciar los mástiles de un barco; darle vuelta en un abrir y cerrar de ojos, y sin embargo, el viento no es más que aire, un gas. El agua, un fluido, está socavando las colinas de Seattle Washingtón, y afectando la solidez de sus edificaciones. Cuando contemplamos las grandes locomotoras con sus trenes extremadamente pesados y admiramos sus poderosas calderas, ¿nos fijamos alguna vez en que están tan sólidamente construidas debido a que en ellas obra un gas, elástico, invisible: el vapor?

El molino de agua era inútil como productor de energía, salvo cuando se lo ponía en contacto directo con una fuente de energía estacionaria, una cascada. El poder del viento era mejor, podía emplearse como fuerza de propulsión en todo el mundo, pero era voluble e incierto. El vapor era ya más ideal, puesto que se podía obtener a voluntad y casi en cualquier parte pero requería maquinaria poderosa que se moviera, como se ve en la locomotora que no es más que un poder movible. La electricidad puede trasmitiese
a millas de distancia por medio de un pequeño alambre, pudiendo emplearse en cualquier parte a lo largo de esta línea; puede ser almacenada, embotellada en realidad, y después sacada a voluntad; puede hasta ser trasmitida sin necesidad de alambre de un lugar a otro por medio del omnipresente éter.

Hemos pues, demostrado que el progreso humano del pasado se ha realizado por la utilización de fuerzas de creciente sutilidad -agua, aire, vapor, electricidad -, y que la creciente utilidad de cada una de esas fuerzas está aumentada además por la facilidad con que pueden trasmitiese y utilizarse en diversos lugares. El último progreso ha sido la transmisión de la energía de una fuente central a diversos puntos sin necesidad de conexión material como en la radiotelegrafía.

Habiendo, pues, visto los progresos pasados debe ser evidente que todo progreso ulterior de la raza humana depende del descubrimiento y utilización de una energía más sutil transmisible con facilidad aún mayor que las fuerzas que ya conocemos.
¿Cuál será esa nueva fuerza, qué papel jugará en el desarrollo de la raza humana y en qué sentido hay que buscar su descubrimiento? Tal es la naturalísima triple pregunta que ocurre y la que trataremos de contestar.


En su obra, La Raza Futura, Bulwer Lytton nos dio una vislumbre de lo que será esa fuerza futura. Como todas las demás novelas nunca ha sido tomada en serio, sino que se la ha considerado solamente como el producto de la fantasía de un autor de talento. Las novelas de Julio Verne han encontrado por parte del público una actitud de admiración similar por su vivida fantasía (?), y sin embargo, ¿no se han realizado muchas de ellas?
La Vuelta al Mundo en Ochenta Días, es ahora demasiado lenta para un viajero del siglo XX. La navegación submarina y las naves aéreas son una realidad de nuestras días. En verdad, la mente humana no puede imaginar nada que no sea posible realizar.

Esto parece ser una afirmación extravagante, pero ¿no queda justificada en vista de lo que ya se ha hecho? E invirtiendo nuestra argumentación podemos decir que algo parecido al Vril de Bulwer Lytton tendrá que descubrirse antes de que el hombre pueda dar el subsiguiente gran paso de progreso. Ciertamente, grandes y maravillosos descubrimientos están ante nosotros esperando una explotación más intensiva de las fuerzas que ya poseemos, pero el próximo Gran Paso depende del descubrimiento y preparación para su empleo de la fuerza venidera. Se hicieron tentativas para construir la máquina de vapor mucho antes de que se obtuviera el éxito que ha alcanzado en nuestros días. Los hombres de ciencia conocieron también algo sobre la electricidad anteriormente, pero se ha necesitado largo tiempo para que esas ideas maduraran y pudieran aprovecharse prácticamente; similarmente, mientras seguimos marchando y explotando las fuerzas que conocemos sabemos que tenemos que prepararnos para la fuerza venidera y si la hallamos podremos encontrar los medios de usarla con más rapidez. Echemos una ligera mirada sobre el Vril de Bulwer Lytton, pues entre todo su ornamento fantástico hay una verdad inestimable oculta allí.
El Vril era una fuerza que se generaba dentro de los personajes de esa novela; no dependía de una maquinaria externa que costara dinero, que podía favorecer a los pocos y no a la mayoría; todos sin excepción poseían en La Raza Futura ese poder desde el nacimiento hasta la muerte.

Ciertamente que ese es un ideal muy superior a una estación central de energía. No había necesidad alguna de elevadores, puesto que cada uno levitaba a voluntad.
Tampoco eran necesarios los tranvías, coches o ferrocarriles, pues todos podían moverse rápida y fácilmente por su propia fuerza; de nada servía los barcos cuando el hombre podía volar por el aire sin necesidad de exponerse a los inconvenientes inherentes de los viajes por tierra o por mar; y véase con cuanta menos resistencia podía volar como el pájaro, sin tener que depender de aeroplanos u otra cosa semejante.
Como todas las demás fuerzas el Vril podía emplearse como medio de destrucción; era también rápido en eso, así que tenía que tenerse sumo cuidado en su empleo. Era necesario poseer el dominio propio en el más alto grado, pues si uno se dejaba arrastrar por un acceso de ira se hubiera originado espantosos desastres. Si alguna vez tenemos que emplear esa fuerza podemos ver muy bien la gran necesidad que hay de que
seamos buenos, cariñosos y que no tengamos enemigos. Nuestras vidas estarían en manos de los demás a tal extremo cuál ni por soñación se nos ocurre.
Cuando miramos dentro de nosotros mismos con objeto de ver si es posible qué una energía semejante esté desarrollándose incipientemente, no tardaremos mucho en encontrarla, viéndonos obligados a reconocer ese poder de vastísimas posibilidades en el Poder Mental. Nuestras ideas toman forma en las imágenes mentales que formarnos con
gran facilidad cristalizándolas después en cosas materiales de manera excesivamente lenta y convirtíéndolas en ciudades, casas, muebles, etc. Todo lo que ejecuta la mano del hombre es pensamiento cristalizado.

Este modo lento que en la actualidad caracteriza la exteriorización del pensamiento en forma de cosas, no debernos tomarlo como medida de las posibilidades; ni desalentarnos por el hecho de que el pensamiento nos parezca demasiado sutil y escurridizo. Ha sucedido lo mismo con las otras fuerzas que más tarde movieron las ruedas del progreso.
Durante edades innumerables las olas del mar han agotado su energía en batir las costas, pero ahora los inventores están comenzando a aprovechar la fuerza del agua, poniendo generadores eléctricos en combinación con las cascadas. Durante períodos larguísimos los vientos han barrido la tierra y el mar antes de que su fuerza se pusiera al servicio del hombre en los barcos de vela. Durante edades el vapor se escapaba en el aire saliendo de las ollas que empleaba la humanidad primitiva mucho antes de que ésta aprendiera a concentrar su poder y a utilizarlo en las diversas industrias. Así como el vapor se escapa inútilmente de las vasijas de cocina, así también la energía mental radiante de la humanidad actual se escapa inútilmente, y así como el vapor pudo utilizarse concentrándolo así también el sutilísimo poder mental, pero colosalmente potente, puede concentrarse para hacer el trabajo del hombre con una facilidad imposible de imaginar si se compara con las fuerzas actuales, pues éstas son simplemente utilizables para trabajar sobre coas existentes, mientras que el Poder Mental es una fuerza creadora .

Sabemos cuan peligrosas son las otras fuerzas cuando se concentran; mientras el vapor se escapa de una cafetera no puede hacer el menor daño. La electricidad generada por la fricción en un cristal o en un trozo de ámbar no puede ser peligrosa para nadie, pero cuando se genera el vapor en cantidad y se le encierra en una caldera, puede destrozar las manos del obrero incompetente; y la electricidad puesta en tensión en un alambre puede matar al ignorante que se ponga en contacto con ella. Análogamente podemos deducir que el Poder Mental mal dirigido o empleado ignorantemente produciría efectos muchos más desastrosos por ser una energía más sutil. Por lo tanto es necesario que el hombre asista a una escuela donde pueda aprender a usar esa energía formidable en forma segura y eficaz, y comprendámoslo o no, los sabios instructores que trabajan invisible pero potentemente con la humanidad nos han proporcionado ya esa escuela cuando nos colocaron en esta existencia concreta, el Mundo Físico. Sepámoslo o no, todos los días, a toda hora estamos aprendiendo la lección del Recto Pensar y cuanto más y más aprendemos esa lección más nos convertimos en criaturas semejantes a
nuestro Padre que está en los cielos.

Vemos, pues, cuan grande es el error de despreciar esta existencia concreta y vivir sólo en nubes de esperanzas y aspiraciones que tienen únicamente que ver con la vida superior y con los mundos superiores, mientras descuidamos nuestros deberes en esta vida material.
Debe ser igualmente claro, sin embargo, que es también un error confinarse a la fase puramente concreta de la vida excluyendo el lado espiritual de nuestra naturaleza. Los
extremos son peligrosos. Si reconocemos los dos polos de nuestro ser y tratamos de guiar nuestra existencia material por la luz de nuestra percepción espiritual aprenderemos las lecciones que tan admirablemente se nos han preparado en la escuela de la vida, en muchísimo menos tiempo que el que se necesitaría yéndose a los extremos.

Los resultados que produce el irse a uno de los extremos pueden verse claramente, comparando desde el punto de vista oculto. al hindú con los pobladores del mundo Occidental.

Según indicamos anteriormente, las personas materialistas para justificar su alejamiento de los asuntos espirituales llaman la atención hacia los países y pueblo espiritualistas especialmente la India, diciéndonos que notemos el estado atrasado de los hindúes, la indolencia de los Orientales y atribuyen todo eso a su creencia religiosa. Otros han tratado de defenderlos diciendo que los hindúes se encuentran amontonados en países
montañosos y áridos, cuya tierra no puede alimentar a los millones de seres que la pueblan, viniendo de ahí las pestes y el hambre. Señalan el sol tórrido y las inundaciones
desvastadoras de la India parangonándola con nuestras tierras fértiles y lujuríantes donde la abundancia es la porción de todos, y esto casi implica el acusar a Dios de una injusticia, pues niega a los unos lo que es mejor en opinión de tales críticos.
Que el estado de los hindúes es el descrito, y aún peor de lo que podríamos imaginarnos, es una afirmación veraz. Considerando la vida desde el punto de vista Occidental de que no tenemos más que una sola vida, esos pueblos son en realidad dignos de compasión como víctimas del capricho de un Dios injusto, pero cuando nos damos cuenta precisar de las leyes de Consecuencia y de Renacimiento y las actividades que se despliegan en el Segundo Cielo, comprenderemos fácilmente las razones espirituales de las diferentes condiciones de las naciones así como, de los individuos.
El Sol abrasador, la esterilidad del suelo de la India y las inundaciones desvastadoras, son nada más que los efectos producidos en el mundo material por causas que obran en los dominios espirituales, lo mismo que cualquier otros actos de la Naturaleza o del hombre; hay una explicación espiritual de cada uno de los fenómenos, que va hasta las mismas raíces de los hechos materiales, hay una razón espiritual que produce la pobreza y las condiciones climatéricas de la India, así como nuestra prosperidad. Para comprender esa razón es necesario mantener claramente en la mente la distinción entre el cuerpo y el Espíritu que en él habita. Todos los Espíritus son semejantes, salvo en que unos se han desarrollado más que otros. Las razas son tan solo los cuerpos creados por los Espíritus, y conforme una clase de éstos evoluciona pasa de una raza a otra.
Los más desarrollados hacen el trabajo preparatorio y llevan la raza a su más elevada perfección.

Una vez alcanzada ésta, aquellos forman una raza nueva y los cuerpos de la raza que han abandonado los aprovechan otros Espíritus menos desarrollados que hacen que entonces comience a degenerar. Cuando a su vez esos cuerpos han llegado a ser inútiles hasta para ellos, entonces avanzan y abandonan los cuerpos de esa raza a otra clase aún más inferior de Espíritus. Bajo su influencia la raza degenera aún más y por último, cuando ya no queda ningún Espíritu tan atrasado que necesite emplear esa degenerada forma, las mujeres se tornan estériles y la raza muere.

Ya ha cumplido sus propósitos.

Nosotros, los de las naciones Occidentales habitamos en un tiempo cuerpos hindúes, fue cuando la India se encontraba en toda su gloria y esplendor, cuando la raza estaba evolucionando física y espiritualmente a la vez. Eso sucedió en la llamada Edad de Oro, cuando las sagradas escrituras vinieron a la existencia, cuando se construyeron los grandes templos, cuando la evolución material y espiritual de la India alcanzaba su cumbre.

Pero el hombre estaba destinado a dominar el mundo material por completo; mientras se creyó principalmente un Espíritu y tenía una fe absoluta e inconmovible en la continuidad
de su vida; mientras conocía positivamente que el nacimiento seguía a la muerte así como la muerte sigue al nacimiento, también comprendía que tenía un tiempo ilimitado para progresar, y por lo tanto sólo hacía indiferentes esfuerzos para desarrollar los recursos del mundo material.

Por consiguiente, era necesario que olvidara durante algún tiempo la doctrina del renacimiento y pensara que la vida que estaba viviendo era la única que tendría, a fin de que concentrara todos sus esfuerzos para aprovechar la mayor parte de las oportunidades que se le presentaran para su desenvolvinuento material. Como se realizó esto es cosa que ya se describió en las Instrucciones anteriores, y con más amplitud en el Concepto Rosacruz del Cosmos.

Nosotros pues (los Espíritus que habitamos actualmente los cuerpos de las razas Occidentales) abandonamos los cuerpos hindúes y formamos en cambio los cuerpos de las siguientes razas. alcanzando gradualmente niveles cada vez más elevados de desarrollo material, durante la vida terrestre, y como que la vida terrestre, y la vida en el
cielo, entre encarnaciones, es la cosecha de la vida anterior y una preparación para la próxima, en cuyo intervalo construimos nuestros cuerpos futuros y nuestro futuro país, bajo la dirección de las grandes jerarquías creadoras descritas en la Instrucción VI, hemos ido construyendo gradualmente nuestros cuerpos actuales altamente organizados; nuestro rico y hermoso país con todos sus magníficos recursos materiales, clima propicio, etc., y de esta suerte nos encontramos gozando de los frutos de nuestro trabajos en las existencias anteriores en el cielo o en la tierra.

La raza hindú fue la primera de la Época Aria; ha ido degenerando desde que nosotros la abandonamos, y está ahora habitada por los espíritus más rezagados que nacen en cuerpos arios, y como nosotros implantamos esas fortísimas tendencias espirituales en ellos, la herencia conserva aún ese rasgo en los cuerpos hindúes, de manera que son más sensibles a los impactos espirituales que los cuerpos más materiales de las razas posteriores, si bien no es una clase de espiritualidad de tan elevado orden como el que expresamos nosotros cuando estábamos en cuerpos hindúes; los cuerpos han degenerado y los Espíritus son menos evolucionados que nosotros, así que la raza se
distingue más por su mente analítica que por su verdadera espiritualidad.
Habiendo retenido una comprensión plena y una fe implícita en la doctrina del renacimiento, cosa que el Occidental ha perdido temporalmente, y estando rezagados, los hindúes son naturalmente indolentes y no se esfuerzan por mejorar las condiciones físicas ni en su vida terrestre ni entre encarnaciones. Como consecuencia de esa indolencia el país ha degenerado también junto con los cuerpos, y el sufrimiento consiguiente tiene por objeto despertarlos a la necesidad de concentrarse en las cosas materiales para que puedan aprender a conquistar la Tierra como nosotros lo hemos y estamos haciendo; Pondrán que seguir nuestros pasos y olvidar por un tiempo su ser espiritual con objeto de dominar las importantes lecciones de este mundo material. La falta de bienes materiales los hará abandonar el lado espiritual de su desarrollo y emprender la fase material. Nuestra plenitud y prosperidad material tiene el fin opuesto:

está destinada a causarnos la náusea de la sociedad para encaminarnos hacia el reconocimiento de la inestabilidad de las cosas materiales y obligarnos a que volvamos de nuevo hacia lo espiritual, y a medida que las nuevas invenciones y mejores medios de distribución hagan la vida más fácil, vendrá el deseo de la vida superior, deseo que sobrepasará y dominará al deseo de éxitos mundanos. Nuestra concentración sobre las cosas materiales, y nuestros consiguientes éxitos materiales, nos han dado tal ímpetu en la dirección material que estamos olvidando nuestra naturaleza espiritual como una supersticiosa falacia desvanecida por los hechos científicos. Nuestra actitud "científica", ultramaterialista, es completamente opuesta a la actitud de los hindúes, y como los extremos se tocan, el ultramaterialismo del pensamiento occidental obra destructivamente sobre los países Occidentales, así como la indolencia oriental ha devastado las Indias Orientales. Hay una relación estrecha entre el materialismo y las perturbaciones sísmicas u otras.

En el Concepto Rosacruz del Cosmos, se dedicó un capítulo a la descripción tan amplia como puede darse sin iniciación. Baste decir aquí, que hay nueve estratos de diferente grosor y que el corazón central forma la parte décima. Ésta es el asiento de la conciencia del Espíritu Terrestre.

Es un hecho patente para todo investigador ocultista que este Espíritu Terrestre siente todo cuanto hacemos. Cuando en el otoño el segador recoge los granos, aquél siente una sensación de placer de alegría por haber producido, un sentimiento semejante al que siente la vaca cuando su cría libra sus ubres de la leche. Cuando se cortan las flores sucede lo mismo, pero cuando los árboles o plantas se arrancan de raíz el Espíritu Terrestre sufre un dolor, porque el reino vegetal es para él lo que para nosotros el cabello.
El Espíritu Terrestre no queda afectado solamente por nuestros actos, sin embargo, siente también nuestra actitud mental. Hay un estrato especial en la Tierra que refleja nuestras pasiones, sentimientos y emociones en la forma más maravillosa y las hace reaccionar sobre nosotros como tormentas, inundaciones o temblores de tierra.
El materialismo produce las erupciones volcánicas, y cuanto más predominen las cosas espirituales, tanto menos se harán sentir esos cataclismos en el mundo.
Ésta es una afirmación difícil de verificar por el hombre ordinario, y no la habríamos hecho si no fuera posible por lo me- nos dar una evidencia circunstancial de su verosimilitud. Esta prueba deriva del estudio de las tendencias del pensamiento cuando se produjeron las erupciones del Vesuvio. La lista de los cataclismos que han tenido lugar en nuestra era comienza con la erupción que destruyó a Herculano y Pompeya, donde pereció Plinio el mayor 79 A. C.; siguiendo en los 203, 472, 512, 652, 982, 1036, 1158,1500, 1631, 1737, 1794, 1822, 1855, 1872, 1885, 1891, 1906, D. C.
Ha habido 18 erupciones en 1900 años. Las primeras nueve ocurrieron en 1600 años, durante la llamada "edad negra", cuando el hombre era ignorante y supersticioso lo bastante para creer en Dios, y hasta en brujas, hechiceros y otras tonterías.
Desde el advenimiento de la ciencia moderna, que iluminó al mundo occidental demostrando la superfluidad de Dios, enseñándonos que nosotros somos la inteligencia más elevada del cosmos, "que el cerebro es una glándula que secreta pensamientos, así como el hígado secreta bilis" "que caminamos con la misma fuerza con que pensamos" y muchas otras cosas parecidas, esos cataclismos han aumentado correspondientemente.

Ha habido nueve erupciones durante los 300 años que la ciencia moderna ha trabajado para iluminarnos contra las otras nueve catástrofes que ocurrieron en la "edad negra" en 1600 años. Las primeras seis tuvieron lugar en los primeros mil años de nuestra era, habiendo ocurrido las cinco últimas en un período de 51 años. Si consideramos los progresos hechos por la ciencia en la última centuria, y especialmente en los últimos sesenta años, la deducción es obvia de que conforme el materialismo aumenta las
erupciones volcánicas se hacen más y más numerosas, y terribles, afectando a la Tierra más frecuentemente.

Por lo antedicho no debe entenderse que queremos indicar que ante los ojos del ocultista la ciencia es perjudicial; tiene su propio lugar que ocupar como educadora de la raza humana, pero cuando se divorcia de la religión y se torna materialista, cual ha sucedido en nuestros tiempos, es una amenaza para la humanidad. Hubo un tiempo en que la religión, el arte y la ciencia se enseñaban juntas en los templos de Misterios, aún en Grecia, pero como éste es el plano de la separatividad y de la especialización, fueron separadas a propósito durante un tiempo, para que pudieran alcanzar un mayor grado de perfección que el que hubiera sido posible obtener estando juntas. A su debido tiempo volverán a unirse de nuevo las tres, y entonces, únicamente entonces, obtendremos plena satisfacción por medio, del corazón, del intelecto y de los sentidos. El corazón gozará con el aspecto ceremonial de la religión, el intelecto se satisfará con el lado científico y el lado estético de la humana naturaleza gozará de las diversas artes que se emplearán en los servicios del templo del futuro.

Cuando el hombre haya espiritualizado su ser bajo la influencia de esa religión científico artística del futuro habrá adquirido el dominio de sí mismo y se habrá convertido en un auxiliar desinteresado de sus semejantes; entonces será un guardián seguro del Poder Mental, con el que podrá formar ideas exactas y correctas que inmediatamente se cristalizarán en cosas útiles. Esto se realizará por medio de la laringe la que entonces emitirá la Palabra creadora.

Todas las cosas de la Naturaleza vinieron a la existencia por medio del Verbo que se hizo carne (San Juan l). El sonido o el pensamiento hablado será nuestra próxima fuerza de
manifestación, una fuerza que nos convertirá en Hombres-Dioses, creadores cuando mediante nuestro actual aprendizaje nos hayamos preparado para usar ese formidable poder en Beneficio de todos, sin tener en cuenta nuestro propio interés.

del libro "Cristianismo Rosacruz", de Max Heindel

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